Carlos Sainz, halcón y no paloma

Carlos Sainz, en el podio del GP de Italia
Carlos Sainz, en el podio del GP de Italia
McLaren F1

Contaba Antonio Lobato en el programa posterior al GP de Italia en Movistar F1 que un amigo suyo separaba a los árbitros en dos tipos en función de la valentia: los halcones y las palomas. La comparación la realizaba con Carlos Sainz, y es una metáfora más que acertada.

Como esos trencillas que van a un campo de un equipo grande y no se atreven a sacar amarilla, muchos pilotos-palomas se amedrentan cuando están en un gran escenario. El Autódromo de Monza es de esos que imponen, por su historia, por lo que representa y por lo que supone cometer un error ahí. Pocos circuitos tienen en cada centímetro de su asfalto más automovilismo puro.

Otros, en cambio, son pilotos-halcones. Aunque esta acepción se suele usar para referirse a algunos periodistas deportivos que ven más canapés que noticias, en este caso es muy acertado para referirse a los que no se asustan, a los que buscan su presa sea como sea. 

Este fin de semana, no sólo durante la carrera, Sainz fue un auténtico ave rapaz en el que se quedó a escasos metros de su primera victoria. "Voy a por esta, Tom", respondió Sainz a su ingeniero cuando le pidió cabeza y calma. ¡Pónganme música épica de Marvel!

Y precisamente en Italia. Mientras los Ferrari se hundían, con una avería de Vettel y un accidente de Leclerc, el próximo inquilino de Maranello se consagró con una gran pelea final. Seguro que los tifosi, tanto o más que los fans de McLaren, han tomado nota.

Efectivamente, faltó una vuelta más... pero qué carrera dejó en las anteriores.

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