Borja Terán  Periodista

El auge del 'todólogo': cómo debe ser el 'colaborador' perfecto de la televisión del debate constante

César Carballo, en 'La Sexta noche'.
César Carballo, en 'La Sexta noche'.
Atresmedia

La todología inunda la pantalla. El auge de programas de magacín y debate propicia que las cadenas necesiten horas y horas de colaboradores comentando los gajes de la actualidad. La tele se ha transformado en una especie de tertulia gigante que ha abierto la veda a expertos en todo. Son los protagonistas de la pantalla. Incluso los programas de cadenas rivales se intercambian a mismos expertos. A menudo, se eligen por tópicos: pedrigrí, afinidad política o carisma. No tanto por trayectoria contrastada en aquello de lo que se habla.

El problema está cuando ser "colaborador" se transforma en la profesión principal del protagonista. Entonces algo falla en el sistema. Porque el colaborador para mantenerse en la pantalla puede alzarse en una especie de mercenario que habla de cualquier tema buscando más lo que espera el show de la tele de él que el servicio divulgativo que puede proporcionar a la sociedad. Y, al final, la propia televisión lo sufre: pues la dinámica de tertulias empezará a ser previsible, pues los perfiles de contertulios remiten a trincheras ideológicas o demagógicas que se ven venir de lejos. Se quedan en el lugar común pronosticable en vez de desafiar el espíritu crítico del espectador. Los prescriptores terminan siendo por inercia siempre los mismos porque ya son "conocidos" y, por tanto, hasta pueden acabar convirtiéndose en su propia parodia. Al no querer decepcionar al share y mantener el púlpito mediático. 

¿Cómo debe ser el colaborador perfecto? Es vital que tenga una profesión detrás que le permita ser un estudioso de todo aquello que habla en televisión. Es decir, que no sepa sólo la proclama del día y tenga 'machacados' los temas. De ahí que los buenos colaboradores pueden venir del ámbito universitario, del día a día del periodismo o de profesiones que no dejan de pisar la calle. Fundamental.

La profesión de "todólogo" no existe, ni debe existir. La colaboración en la tertulia debe surgir de una especialidad analítica que se curte en el día a día y que no está reñida con el carisma telegénico. O, de lo contrario, se crean personajes que dicen lo que el espectador quiere escuchar y no despiertan el entusiasmo de una audiencia que celebra aprender de lo que desconoce.  El buen colaborador tiene un prestigio detrás, atesora soltura a la hora de comunicar y, sobre todo, el espectador comprende su motivación. Porque no cae en lo evidente, no está desesperado por acudir al plató. Está por encima de la egolatría del show, lo que le convierte en valiente y coherente en sus postulados.

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