Mercè Perea  Diputada del PSC en el Congreso y portavoz de la Comisión del Pacto de Toledo del GPS

Que no reescriban nuestra historia

Placa por las víctimas de la Desbandá, con pintadas
Placa por las víctimas de la Desbandá, con pintadas
ADELANTE

La Guerra de Ucrania nos está mostrando lo peor del ser humano y, por ende, la tragedia de más de tres millones de personas que huyen de sus casas para preservar sus vidas. Niños, mujeres, mayores. Nos quedamos impávidos, al inicio incrédulos, pero ya no, ante las imágenes de terror y los relatos de los y las supervivientes.

Ochenta y cinco años nos separan de La Desbandá. Uno de los episodios más cruentos de la Guerra Civil. El 7 de febrero de 1937 las tropas sublevadas e italianas iban a ocupar de forma inminente Málaga y miles de civiles, mujeres y niños, principalmente, huyeron aterrorizados por la carretera con la esperanza de llegar a Almería, aún controlada por la República.

Las historias que se cuentan son de tal crueldad que se nos encoge el alma y se nos cierra el estómago. Historias como las que detalló el médico canadiense, Normal Bethune, que relató con detalle la terrible tragedia.

El Grupo Parlamentario Socialista, recogiendo el testigo del Acuerdo de 2012 de la Junta de Andalucía, llevó al Congreso de los Diputados la semana pasada una iniciativa para declarar La Desbandá Lugar de Memoria Democrática e impulsar acciones para el reconocimiento de las víctimas, a la espera de que se apruebe el Proyecto de Ley de Memoria Democrática aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez.

Porque los socialistas sabemos que la memoria, además de un deber moral, es la mejor garantía de no repetición y la mejor herramienta para el reconocimiento de las víctimas que nunca fueron reconocidas.

Es esencial y urgente preservar y mantener la memoria colectiva de ésta y otras tragedias que ocurrieron durante la Guerra Civil y la represión de la Dictadura y esta iniciativa lo demuestra.

La reinterpretación de la historia es una de las técnicas más manidas de esta derecha irresponsable, irrespetuosa e indecente que hoy pretende hacer ver que no existió el escarnio en el bando perdedor.

Desde Ciudadanos se nos viene a decir "esto no va de colores ni de bando: No existen herencias ideológicas (…) ni unos ni otros. Todos eran los nuestros". Para la ultraderecha fue una “gran catástrofe humanitaria motivada por la imprevisión logística del bando republicano”. Y para los populares del ‘tolerante’ Feijóo que, hablar de memoria democrática es “seguir mirando por ese espejo retrovisor de la Guerra Civil” o escudándose en la etapa de la Segunda República, o en ETA.

Las sociedades necesitan de los procesos de memoria que los identifique individual y colectivamente con su historia y por ello, el Proyecto de Ley de Memoria Democrática es un deber para con las personas que fueron perseguidas, encarceladas, torturadas e incluso perdieron sus bienes y hasta su propia vida. Y todo ello en defensa de la democracia y la libertad. Tenemos que reconocer a las víctimas y ser conscientes, todos y cada uno de nosotros, de lo que sucedió si queremos tener un futuro cierto y ser una sociedad cohesionada. La Transición fue clave, pero no suficiente.

En momentos de actores populistas y derivas totalitarias que cuestionan la propia democracia y sus instituciones con mentiras e insidias, hemos de actuar con determinación contra ese revisionismo histórico y cerrar definitivamente nuestra historia en la que nos sintamos reconocidos.

Aprobar el Proyecto de Ley de Memoria Democrática que condena el golpe de estado de 1936 y que considera nulas las condenas de los tribunales por motivos políticos o sociales; o condena la represión que sufrieron las mujeres por el simple hecho de serlo o el robo de niños y niñas, son cuestiones que esta ley resuelve. Precisamente, para que no reescriban nuestra historia ni nuestra memoria, individual y colectiva.

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