Fernando Baeta  Subdirector del área editorial de Medios de Henneo

¿Por qué tiras la mascarilla al suelo?

Una mascarilla tirada en el suelo.
Una mascarilla tirada en el suelo.
Europa Press

La pasada semana contabilicé 96 mascarillas en el suelo y no fue una de las mejores. Desde el pasado lunes 21 de junio –hasta este lunes día 19– he llegado a las 492. Las he contado una a una. Y hablo solo de Madrid capital, solo de las zonas que frecuento, que no son muchas, y solo de cuando no estoy trabajando o en casa o cuando el calor del estío hace imposible pasear por la capital salvo en legítima defensa. No crean que la pandemia ha afectado mi equilibrio, mi buen juicio o mi capacidad de raciocinio. Estoy bien, no se preocupen.

"No sé si es un acto de rebeldía contra la maldita pandemia o el problema radica en que vivimos rodeados de cerdos"

Esta manía mía de contar mascarillas por el suelo es nueva, me asaltó un buen día cuando empezó a llamar mi atención la cantidad que veía, no en las caras de los transeúntes, sino en las aceras por las que caminaba. Comprendí entonces que no era un hecho aislado, sino una realidad inquietante: a muchos madrileños les gusta tirar las mascarillas usadas al suelo; y digo ‘les’ en lugar de ‘nos’, porque yo no las tiro. Y empecé a contar y a sumar y a pensar a cuántos madrileños les habrá sucedido lo mismo que a mí y habrán empezado a contar en otras calles, en otros barrios y en otros pueblos de la comunidad. Y a partir de entonces, caí presa de la desazón y millones de mascarillas de todos los colores empezaron a envenenar mis sueños.

Ignoro el motivo por el que tantos y tantos tiran su cubrebocas usado al suelo en lugar de metérselo en el bolsillo y tirarlo en su casa o en la papelera más cercana. No sé si es simplemente un acto de rebeldía contra la maldita pandemia o el problema radica en que vivimos rodeados de cerdos que todavía no se han enterado de que pese a ellos esta ciudad no es una cochiquera. Y eso que en Madrid, que dicho sea de paso no anda en su mejor momento de limpieza, hay muchas papeleras, aunque no demasiados ciudadanos dispuestos a utilizarlas.

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