Tanta Europa
Tanta Europa
Diego Carcedo  Periodista

El genocidio armenio

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en una imagen de archivo.
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en una imagen de archivo.
EFE / OFICINA DE PRENSA DE LA PRESIDENCIA

Recep Tayyip Erdogán, el incombustible presidente de Turquía, no ha metabolizado el rechazo de la Unión Europea y su resentimiento lo pone en evidencia casi a diario. Desde que consiguió frenar los intentos militares de derrocarle por el sencillo método de encarcelarlos a todos, no ha parado de enredar la precaria estabilidad internacional en su zona geográfica.

Está implicado en la eterna guerra de Siria, se ha inmiscuido en el conflicto libio y en el drama libanés, se ha peleado, y enseguida aliado de nuevo, con Putin, flirtea con los iraníes, ha echado una mano en el enfrentamiento de Nagorno Karabaj y vive obsesionado con combatir a los kurdos. Los que le conocen bien aseguran que su sueño es recuperar el antiguo imperio otomano.

En ambiciones no se queda corto. Pero en la política, y más en las relaciones internacionales, nunca faltan recursos para frenar ambiciones. Turquía arrastra desde hace cien años el estigma del genocidio cometido en Armenia. Entre 600.000 y 800.000 personas fueron asesinadas por orden del gobierno, entonces en Estambul, en un intento por borrar del mapa la identidad y cultura del pueblo armenio que se resistía a su dominio.

Los sucesivos gobiernos turcos nunca aceptaron esta realidad, lo cual empaña más su historia. Siempre lo han negado y han tomado represalias contra quienes lo investigaron a fondo y lo denunciaron. A esta actitud negativista acaba de responder nada menos que el nuevo presidente norteamericano, Joe Biden. En una intervención que le honra ha anunciado que el genocidio armenio debe ser clarificado. Las primeras interpretaciones coinciden en que es una forma de bajarle los humos a Erdogán.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento