2021, el año del regreso de la cultura

Asistentes en el Museo del Prado con mascarilla.
Asistentes en el Museo del Prado con mascarilla.
JORGE PARIS

El 2020 fue el año sin conciertos, festivales y ferias del libro. Cines, teatros y museos echaron el cierre durante meses mientras el sofá se convertía en el epicentro de la cultura. En mi caso no habría sido muy diferente, que al estrenar paternidad fue el año de aprenderme la coreografía del temazo “Soy una taza”, pero el caso es que la pandemia hizo que las salidas culturales mundiales se redujeran al mínimo.

Paradójicamente, al aprender a vivir en casa descubrimos que la cultura podía salvarnos. Visitas a exposiciones virtuales, clamor por la apertura de librerías, pinchadas online... El año en el que la cultura más ha hecho por nosotros resulta que tenemos que buscar en google el nombre del Ministro de Cultura. Ha estado desaparecido en un combate en el que el sector sufría pérdidas históricas.

De lo malo ya hemos hablado mucho y toca renovarse, que el 2021 es el del regreso de la cultura. También será el año en el que vuelvan los turistas. Mientras vivía en el centro (la pandemia me ha alejado, como a tantos) estaba hasta las narices de la turistifiación, pero voy a tener que controlarme para no pegarle un abrazo al primer grupo de guiris que vea haciendo fotos. Si algo ha demostrado esto es que el mundo es global, lo malo nos puede venir a todos de golpe y para solucionarlo necesitamos estar unidos. Es justo el mecanismo que puede mantener nuestra cultura viva, más ahora que ha dejado de tener fronteras.

Netflix, HBO, Amazon y un montón de plataformas que lo han petado en plena Covid-19 han demostrado que lo que se hace aquí, como Veneno, Antidisturbios, 30 Monedas o FoQ el reencuentro (de esta firmo el guion, perdón por el momento promo) se puede ver al otro lado del mundo a la vez y que guste, mucho. Hay miedo a que tanta plataforma se cargue los cines, pero en eso soy tan escéptico como cuando el ebook iba a destruir el libro. Los que mandan deben trabajar por la supervivencia de las que corren peligro, pero la cultura digital o analógica son experiencias diferentes y hay hueco para todas. Lo que igual sí cambia es lo que cuenta la cultura.

Pasé años en la universidad escuchando que vivíamos una crisis de historicidad sin fin, que éramos una generación de pijos sin problemas (dos crisis después, envío un saludo a aquel profesor adivino) y que la ficción no podía contar otra cosa más que las neurosis de sus creadores. Una cultura del yo que igual se resuelve mejor en el diván y que, salvo excepciones, es un pestiño. Pero esta situación nos ha demostrado que solos conseguimos más bien poco y que somos una cadena en la que sin los otros no hay bajadas de curvas, vacunas, ni futuro. Quizás ocurra lo mismo con las historias y ahora sean más universales, igual que su acceso. Y es que la cultura siempre es hija de su tiempo. 

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