Carlos Santos  Periodista
OPINIÓN

Espantoso ridículo

Varios militares del Ejército en una imagen de archivo.
Varios militares del Ejército en una imagen de archivo.
EUROPA PRESS

Resulta muy tentador llamar hijo puta a quien te llama hijo puta y juega con la idea de fusilarte. Pero no seré yo quien use semejantes términos ni quien juegue con semejantes ideas. Defiendo el derecho de esos ancianos militares a decir en sus chats y manifiestos las mayores barbaridades y tonterías, como ocurre últimamente no solo en los grupos de WhatsApp sino también en las declaraciones de algunos líderes políticos que, dicho sea de paso, son mucho más preocupantes. A diferencia de los tiempos en que gobernaba su amado general, tenemos un sistema de convivencia que permite decir las barbaridades que uno quiera, ya sea en un parlamento, una carta, un manifiesto o un chat.

¿Y cómo se puede plantar cara? 
Con pedagogía constitucional y con propuestas políticas transparentes

Otra cosa es que detrás de esos bocazas jubilados haya un plan preconcebido de movilización y desestabilización, alumbrado por las proclamas parafascistas de esos líderes políticos que, entre otras cosas, niegan legitimidad al Gobierno emanado de las urnas. ¿Y cómo se puede plantar cara a semejante movimiento? Con pedagogía constitucional (alguien tiene que recordarle a estos elementos que el Ejército, en una democracia, está a las órdenes del Gobierno y de nadie más) y con propuestas políticas transparentes que terminen con las barbaridades y las tonterías en su lugar natural: las urnas.

Seguro que los poderes del Estado, empezando por el más alto, atinan con la oportuna respuesta a este ruido de sables flácidos para poner a sus protagonistas y promotores en el sitio que ellos mismos han elegido: un espantoso ridículo. Porque no somos veintiséis millones, somos muchísimos más los españoles que amamos la libertad y la practicamos en un sistema de convivencia donde ya no hay lugar para asonadas.

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