Miedo a la luz

Encarna Samitier  Directora de '20minutos'OPINIÓN
Bombilla
Una bombilla encendida.
Jorge París

La oscuridad nos produce un miedo atávico. Cuando el fuego iluminó las tinieblas en las que vivían nuestros antepasados, todo cambió. La luz es el antídoto de las sombras.

Los apagones de nuestra infancia, cada vez que había tormenta, dejaban la vida en suspenso. Películas cuyo final nunca veríamos, discos que se rayaban, libros que había que cerrar. Solo cabía esperar, pacientemente, en torno a las velas, a que la luz volviera y la casa, como por arte de magia, se pusiera en marcha de nuevo.

Pero sucede que hoy tenemos miedo a la luz; mejor dicho, al recibo de la electricidad. De un factura ininteligible solo sabemos una cosa cierta: que puede subir si hace calor extremo, pero también si nos castiga una ola de frío polar. Que dependemos de impuestos, subastas, beneficios caídos del cielo para las empresas e intereses geopolíticos enredados en una gravosa maraña. Y que ahora vinculan la parte que está en nuestra mano abaratar a cumplir unos horarios imposibles

Se nos dice con la seriedad de quien cuenta un chiste malo que aliviaremos la factura si hacemos uso de los aparatos eléctricos desde medianoche hasta las ocho de la mañana. Nos lo dicen desde el Gobierno, que demora año tras año el prometido abaratamiento de la factura; que mantiene en un cajón los trabajos de una comisión de racionalización de horarios, qué risa.

 Nos dijeron en su día que no dormíamos lo suficiente, pero para quienes no tengan más remedio que seguir al pie de la letra la estrafalaria receta contra el tarifazo, las noches serán de aurora boreal.

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