El tiovivo de la política

Mario Garcés  Jurista y escritorOPINIÓN
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del PP, Pablo Casado, en el Congreso.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el del PP, Pablo Casado, en el Congreso.
EFE

Dicen que decía un exministro castellano que la política es un tiovivo en el que hay días que cabalgas a lomos de un caballo irisado, otros aporreas la bocina de un coche de bomberos y otros embridas la grupa de un león ceniciento. La clave de la política, según el ilustrado preboste, es no descender nunca de la superficie del carrusel, porque el día que caes, lo normal es que nunca vuelvas a disfrutar de los privilegios de la cosa pública

Hay colas largas de postulantes y meritorios que ansían subir y apear a otro del asiento giratorio, por lo que nunca debe descuidarse el político profesional. La vida sigue siendo una tómbola, ahora regida por los designios de una pandemia y la política no deja de ser, para muchos ganapanes, un ejercicio de rapiña profesional del que subsistir. Miran la muñeca y exhiben una pulsera "todo incluido" que les arroga derecho a disfrutar casi vitaliciamente del regalo de la vanidad política. Nacidos para el tiovivo. 

Por cierto, una redacción de un periódico puede parecerse, en ocasiones, a un tiovivo, donde la supervivencia se pone en almoneda al servicio de cualquier ardid que permita sobrevivir. Queda dicho.

Muchos políticos de nueva generación son narcisistas a tutiplén que están enamorados de sí mismos y de su partido

Cierto es que, afortunadamente, no todo el mundo es igual. Los hay incluso peores. Los hay que arrastran la pierna cuando giran en redondo, cómo Iván el Terrible, para barrer a los aspirantes. Muchos políticos de nueva generación son narcisistas a tutiplén que están enamorados de sí mismos y de su partido en la medida que es la base de su subsistencia. Los más sofisticados se enamoran también del patrimonio de su pareja, que es una forma de sustituir matrimonio por patrimonio. No estuve más de acuerdo, sin que sirva de precedente, cuando el presidente Sánchez tituló su libro, o eso parece, como Manual de Resistencia, cuando la política se ha transformado en resistencia de manual. 

Será que me he hecho mayor y que mi próstata no ayuda a formular una reflexión mejor. Será que la estética ha ganado a la ética y el mito ha devenido en mito. Ya nada es como antes, por mucho que mi pelo no deje de crecer.

Si para sobrevivir en el tiovivo hay que mentir, miéntase. Si para resistir en la noria hay que gritar y blasfemar, aúllese. Si para cabalgar hay que posar en fotografías pubescentes aunque se tengan 40 años, exhíbase. Si para montar en la atracción hay que pelotear como un esbirro de mente calenturienta, adúlese. 

Es el precio del tiovivo y de su giro eterno, tan insaciable como una sesión continua de una sala X en la calle Carretas en los ochenta. Miro con aprensión a mi lado a veces, de norte a sur, y de este a oeste, y me siento Mia Farrow en La semilla del diablo. O quizá mejor como El hombre elefante. De feria en feria.

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