Política 'pret a porter'

La vicepresidenta primera, Carmen Calvo junto al vicepresidente de Derechos Sociales, Pablo Iglesias; la vicepresidenta de Economía, Nadia Calviño; y la vicepresidentade Trasición Ecológica, Teresa Ribera.
Los cuatro vicepresidentes del Gobierno.
J.J. Guillén / EFE

Libres e iguales. A veces, demasiado iguales. Hay dos factores que han marcado la evolución de los españoles a lo largo de las últimas cuatro décadas: la transformación urbanística de las ciudades y la extensión de la moda pret a porter. Ahora un vasco de Guetaria se puede hacer pasar por un extremeño en Don Benito y un paisano de Sabadell puede hacerse pasar por un buen murciano de Lorca, por mucho que les pese a algunos. No citaré ciudades para no incomodar a ningún lector, pero hay una ciudad del norte de España, si Unamuno levantara la cabeza, que ha pasado del blanco y negro a una ciudad irisada de colores abatidos por la lluvia cantábrica, donde, como si de un ensalmo fuese, la gente se ha transformado para siempre.

"En el Congreso hay dos tribus que han forjado su propia identidad textil"

La moda es igualitarista. Cualquier ciudadano puede entrar en la misma tienda y adquirir un pantalón o una camisa y lucirlo, palmito aparte, en Langreo o en Dos Hermanas. El hábito hace al monje, y el monje hace al hábito, aspecto este que conviene no olvidar nunca. A partir de esta confusión del paisaje y del paisanaje, se ha desarrollado otra forma de tribalismo, esencialmente político, que conduce a que los ciudadanos se vistan de un modo u otro según las afinidades de su tribu, y de ese modo asimilen de modo automático el credo de su parroquia.

En esto estaba pensando cuando apareció su majestad Felipe VI en el hemiciclo el pasado lunes para declarar solemnemente la apertura de la nueva legislatura. En el Congreso de los Diputados, salvando especies aisladas de difícil clasificación entomológica, hay dos tribus que han forjado su propia identidad textil, de modo que cada individuo sintiente masculino forma parte de la tribu y se delata inmediatamente por su indumentaria. Primera tribu: traje completo y corbata, conjunto impoluto, variable en función de la procedencia territorial del individuo pero generalmente coordinado impecablemente. Segunda tribu: sin traje, pieza que produce urticaria, lo mismo que la corbata, si bien en casos aislados se usa americana bajo el requisito de que se haya cortado la etiqueta de la cadena comercial en la que se ha comprado.

"En algún caso ha sido ponerse un traje y romper a aplaudir como monárquico reverente"

Prueben un día a apostarse a la entrada del Congreso de los Diputados y vayan identificando a cada diputado con su ganadería. El margen de error es bajo. Presiento, además, que entregan a los diputados noveles el traje como un kit de supervivencia política. La interiorización del discurso de la tribu es consonante con la vestimenta, y, mientras porten uniforme de partido, todos pronunciarán las mismas palabras. Es más, en algún caso ha sido ponerse un traje y romper a aplaudir como monárquico reverente quien hace apenas unas semanas desamortizaba palacios reales. Cuando la política es moda, todo es posible. Hasta la conversión.

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