Memorias de África

Mario Garcés  Jurista y escritorOPINIÓN
Imagen ilustrativa de un elefante.
Imagen de un elefante.
PIXABAY

Decía Churchill que no siempre el que tiene más edad es el más viejo. Y García-Margallo cumple a la perfección este axioma inverso. Tuve la fortuna de que me acompañara en la presentación de mi nuevo libro, como prologuista y hasta como polemista. Y, en su histórica lucidez, la misma que le llevó a proponer que se incluyera el adjetivo "indivisible" en el artículo 2 de la Constitución, contestó a la pregunta de un periodista sobre la situación del PP en Madrid: "Como dicen en Uganda, cuando dos elefantes luchan es la hierba la que sufre". Y de un modo tan sencillo y tan efectivo despejó el verdadero elefante de una sala repleta de amigos que esperaba que hablásemos de la huella española en Estados Unidos. Simplemente genial.

Mientras mis introductores oficiaban el fuego fatuo de la presentación del autor, empecé a coleccionar en mi memoria algunos proverbios africanos. Y pronto caí en la cuenta de que a más de uno le vendría bien revolver las memorias de sabiduría de ese gran continente. Para los que siembran falsedades, que sepan que "la mentira de un niño es como un pez muerto, siempre sale a la superficie" (Luo). Para los que destilan insidias y calumnias, "las lenguas de los que critican son como las patas de las moscas, aterrizan en cualquier cosa que encuentran" (Duala). Para los mezquinos que promueven el mal, "si no tapas todos los agujeros, tendrás que reconstruir las paredes" (Swahili). Para los incendiarios furiosos, "no podrás esconder el humo si has encendido el fuego" (Burundi).

Para los que ingenuamente buscan gratitud, "un asno siempre da las gracias con una coz" (Kenia). Para los posibilistas e indecisos, "quien guarda dos termiteros, vuelve de vacío" (Haya). Para los sumisos, "la cabra come el césped allí donde se ata" (Bamun). Para los cazadores de hombres y de su inteligencia, "el cazador que habla demasiado, va a casa de vacío" (Maasai). Para los incautos que piensan que tendrán recompensa, "si los cocodrilos comen sus propios huevos, qué harán con la carne de una rana" (Nigeria). Para los que se dejan embelesar por las buenas palabras, "la piel del leopardo es bonita, pero su corazón malvado" (Luba). Para los que cumplen años y se sienten agredidos, "cuando el león envejece hasta las moscas le atacan" (Chagga). Y para los que envejecen y buscan no ser devorados por los más jóvenes, "tengo que aprender a caminar con tres patas dice la hiena cuando es vieja" (Bambara).

Así, sin remedio, había abandonado mi viaje literario por la ruta 66 para adentrarme en la sabana africana. Y en eso sigo desde hace unos días. Entre la sabana y la selva.

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