La nueva movida madrileña

Mario Garcés  Jurista y escritorOPINIÓN
Ambiente en una terraza de un establecimiento de la zona de Chueca, un día antes del fin del estado de alarma, en Madrid (España), a 23 de octubre de 2020. El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha anunciado hoy que a partir de mañana ent
Ambiente en una terraza de un establecimiento de la zona de Chueca.
RRF

Cuarenta años después de la movida en Madrid, el fenómeno ha vuelto. Cuatro décadas han pasado desde que la capital del reino se convirtió en una performance de deseos inhibidos y fantasías obscenas, al calor del amor en un bar. Fueron en los tiernos ochenta cuando pisé por primera vez Madrid, aquellos años en los que Marisol dejaba de ser Marisol y que el destape tenía nombre eslavo, Nadiuska. El bizarro humor de Ozores y las obscenidades de Pajares y Esteso, con mujeres con bragas altas y carreras en las medias, dejaban como una parodia sin gusto "El último tango en París". La cultureta cedió a la contracultura, a la vez que Franco era ya solamente un recuerdo húmedo en cualquier discoteca liberal o en cualquier hotel por horas. Ahora, con la distancia, pienso que aquello no era una revolución moral sino un revolcón de sesión continua donde cada cual con cada quien trasladaba sus obsesiones y sus fantasías.

La movida es la música tardía de la Transición que hoy apenas recordamos los mayores

Eran años de bolas de cristal que sustituían los cristales de las bolas del Florida en el Retiro, el mismo lugar donde van los cachorros de la derecha española ahora a celebrar las elecciones, ya se gane o ya se pierda, porque lo suyo es celebrar. Porque es posible que no existiera la movida, que es como aquella novia de cuarto y medio que ni recuerdas que fuera, pero que conservas la dulce melancolía de lo que sucedió. O no. La movida es la música tardía de la Transición que hoy apenas recordamos los mayores, los únicos que viajábamos con Aviador Dro, en un país que había sido declarado Siniestro Total entre Los Secretos y la Parálisis Permanente de una Kaka de Luxe que formaba parte del pasado.

Porque la campaña electoral tuvo su banda sonora de los movidos ochenta

Madrid se mueve ahora entre berberechos y tabernas. Y mira que me gustan los berberechos al natural con un punto de vinagre. Porque la campaña electoral tuvo su banda sonora de los movidos ochenta. Iglesias cantó "Me voy a Usera" de Almodóvar y Mcnamara, pero allí nadie se acordaba ya de él. Bal, como Loquillo, tarareó Porque yo tengo una banda de rock’n’roll, pero la banda no tenía batería. Monasterio, con el fuego de Burning, posó al ritmo de "¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?", en medio de un debate de radio. Gabilondo se marcó un "Ni tú ni nadie" de Alaska y los Pegamoides, porque eso no lo ganaba ni Tierno Galván revivido. A Mónica García le vino bien llevar el compás de "El imperio contrataca" de Los Nikis, en versión Núñez de Balboa. Y Ayuso, reina del Glam, se hartó de cantar, entre comunismo y libertad, aquel estribillo de Olvido Gara: "Mi destino es el que yo decido/el que yo elijo para mí". Lo cierto es que es muy tarde cuando escribo esta pieza, y que cuando me despierte, como Mecano, no me voy a poder levantar. Y si lo hago, espera el champú de huevo. 

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