Cuatro jinetes cabalgan

Mario Garcés  Jurista y escritorOPINIÓN
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, este domingo.
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, este domingo.
EFE

Anda Pablo Iglesias, entre su párvula conversión a la monarquía y su ingreso en el club de los pequeños burgueses, buscando fondos para una renta básica universal para todo quisque. Más por intuición antropológica que por convicción, se me antoja que el otrora profesor de universidad persigue el medio definitivo de sofronizar la sociedad.

Si a un ser sintiente le proporcionas un ingreso mínimo garantizado por existir y lo dotas de un teléfono móvil con acceso ilimitado a la mensajería verde y blanca, Orwell quedará como un mandril con mandil en la escala de la evolución de los homínidos. Confieso que podría estar abatido ante este nuevo modelo de anestesia colectiva en tiempos del cólera, pero lo que más miedo me produce es la ausencia absoluta de reacción social.

Hoy la democracia liberal sufre un proceso de desestabilización, producto de la fatiga de alguna de sus estructuras, pero sobre todo por el asedio ilimitado del populismo y del nacionalismo. 

Fue hace más de dos siglos cuando el liberalismo asumió un compromiso con el pensamiento y la razón crítica, con la división de poderes y sobre todo con el progreso, antes de que existiera ese neologismo infecto que es el progresismo.

El progreso es al progresismo lo mismo que la igualdad es al igualitarismo. Pero, ante todo, el pensamiento liberal surgió para combatir el miedo, el ostracismo, la incertidumbre. Actualmente, a pesar de la narcolepsia propia de las sociedades opulentas, el miedo se ha transfigurado nuevamente en cuatro caballos, como los del Apocalipsis, pero con trote de percherón de Galapagar.

Hace más de dos siglos el liberalismo asumió un compromiso con el pensamiento y la razón crítica

El primer miedo cabalga a lomos de la inseguridad física, pues el terrorismo internacional enterró el buenismo idiotizante de las camadas del 68. Ni siquiera la marihuana de los pensadores al peso podía justificar que el mundo se abría a nuestros pies para sumirnos en una profunda fragilidad. 

El segundo miedo galopa en un caballo bayo sobre la grupa de la inseguridad económica, que hizo brotar lógicamente el espíritu inconformista de hace quince años, convertido ahora en una «tea party» de influencers en Ministerios.

El tercer miedo monta una yegua morada y es la inseguridad sanitaria, quizá la más crítica y la más ingobernable. El miedo a la muerte es connatural al ser humano que busca siempre la vida salvo en los nuevos tiempos de la muerte asistida.

El último caballo es amarillo, tan hermoso como letal, y representa la inseguridad tecnológica. El miedo cíborg, el miedo al gobierno de los mandos digitales, el miedo a vivir en la distopía orwelliana sin que tomemos conciencia de la situación. No hay mascarilla para combatir este miedo. Pero se busca tropa para el combate. La eterna lucha de la humanidad contra el miedo.

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