Borja Terán  Periodista

María Teresa Campos y lo que esconde su sinceridad a la hora de pedir trabajo

María Teresa Campos con Bertín Osborne
María Teresa Campos con Bertín Osborne
Mediaset

A veces, se confunde vulnerabilidad con sinceridad. Y, claro, choca que María Teresa Campos diga con esa naturalidad que le vendría emocionalmente bien volver a la tele. Aunque fuera sólo un ratito. Casi como terapia ocupacional. Se lo ha dicho a Anne Igartiburu y se lo ha comentado, este sábado, a Bertín Osborne. No es nada nuevo. Otra cosa es que ahora no se quiera entender. Porque, en realidad, ahí estriba una de las claves del éxito de largo recorrido de María Teresa Campos: siempre ha sido transparente. Desde sus inicios. Y, por eso mismo, sus programas conectaban tan bien con la audiencia. 

María Teresa Campos nunca ha sido parte del decorado. La influencia de María Teresa Campos como una de las más respetadas y más queridas profesionales de la historia de la televisión española ha ido unida a que nunca ha sido una presentadora perfecta de esas que recitan un guion, ella ha sido una comunicadora imperfecta y, como consecuencia, humana. Su influencia social tiene mucho que ver con la capacidad de abrir un constante diálogo con el espectador, que implica, que atrapa, que le habla hasta atreviéndose a lanzar ironías sinceras, compartir temperamentos personales o divagar hacia donde la emoción lleve. Así ha sido desde sus comienzos, así no ha generado indiferencia.

Y, por eso, la siguen llamando las cadenas. Porque María Teresa Campos sigue siendo una personalidad esencial para la audiencia. Te quedas escuchándola. Su instinto televisivo y reflejos evolucionan con los años, la seguridad en un plató también evoluciona con la edad y los vaivenes de la vida, pero sigue manteniendo esa energía de querer seguir viviendo con esa ilusión de principiante que nunca pierde, aunque lo haya hecho todo en televisión.

"Que nadie te coarte la posibilidad de pelear por tus ilusiones tengas los años que tengas."

María Teresa Campos representa la ilusión de probar aunque puedas equivocarse. Así ha sido siempre, y por eso cambió y popularizó los magacines en España: porque se atrevía a probar ideas para seguir creciendo. No tenía miedo a equivocarse, lo intentaba. Incluso  compartía sus preocupaciones con su carácter. Y cuando no lo hacía, y no estaba tranquila consigo misma o con el resultado del programa en directo, el espectador sabía que algo pasaba. Porque María Teresa ha sido siempre cristalina.

Ahora sigue compartiendo su experiencia desde la perspectiva de la abuela orgullosa de su familia que es. A esta alturas, ella puede. De hecho, ella puede pedir lo que quiera. Faltaría más. Que nadie te coarte la posibilidad de pelear por tus ilusiones tengas los años que tengas. María Teresa no ha dejado de compartir y abrazar sus motivaciones nunca, no lo va a hacer ahora. Porque nunca quiso ser un busto parlante perfecto, quiso ser una mujer libre.

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