Ruido de sables

Imagen del Congreso de los Diputados.
Imagen del Congreso de los Diputados.
EFE

Hay expresiones y conceptos que pertenecen a una época de nuestra vida y a ninguna más. Las «Matildes» que anunciaba López Vázquez en la televisión en blanco y negro. Un, dos, tres... responda otra vez. Soberano, es cosa de hombres. «Quieto todo el mundo», de aquel Tejero de cuando éramos chicos. 

A ese mundo sepultado por el tiempo pertenece la expresión «ruido de sables», que a los chavales de hoy les resultará incomprensible pero que, en nuestra juventud, se usaba casi siempre en voz baja, con cautela: en aquella época vivíamos todos con el miedo cotidiano a que los militares (que eran casi todos franquistas) diesen un cuartelazo y se fuese a hacer puñetas toda la esperanza que íbamos construyendo.

El peligro para la democracia no está en los militares, está en la irresponsabilidad de muchos de los políticos

Ruido de sables. Ahora unas decenas de militares, todos retirados, han escrito una carta al rey en la que dicen que lo que está pasando no les gusta. Bueno. Yo creo que no le gusta a casi nadie, porque lo que ahora sucede es tan peligroso o más que aquello que vivíamos cuando teníamos tanto miedo. Y a mí, personalmente, tampoco me gusta nada el lenguaje que han usado estos jubilados, tan próximo a la retórica panderetesca de la extrema derecha.

Pero ¿ruido de sables? ¿De verdad alguien, aparte de los bailabotes de Abascal, se cree que los militares suponen hoy una amenaza para la democracia? ¿Que puede haber otro tejerazo, que va a volver Pavía con el caballo o Millán Astray con el parche en el ojo? No. El peligro para la democracia no está en los militares. Está en la inaudita irresponsabilidad de muchos políticos, que se preocupan más por mantenerse en el poder, o por alcanzarlo, que por la nación.

Pero no me digan que no: esto rejuvenece, ¿eh? ¡Ruido de sables!

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