"No me hagas propaganda"

Acto por el 40 aniversario del 23-F en el Congreso de los Diputados
Acto por el 40 aniversario del 23-F en el Congreso de los Diputados.
EP

De aquella noche que acaba de cumplir 40 años queda muy poquito que saber. Pero este es uno de esos casos en que la verdad de los hechos apenas importa. Lo que en realidad cuenta no es lo que sabemos, lo que está demostrado, sino lo que creemos o, por mejor decir, lo que una sorprendente cantidad de gente quiere creer.

Cuando Juan García Carrés, el único civil condenado por aquella locura, llamó a Tejero (que estaba en el Congreso, pistola en mano), trató de darle ánimos con grandes palabras, que si España, que si el honor... Y Tejero, por una vez, estuvo lúcido:"Juanillo, no me hagas propaganda", le dijo. Pues eso era. 

La propaganda, y nada más, es lo que ha logrado poner de acuerdo a tres grupos de personas muy distintos: la extrema derecha, la extrema izquierda y los independentistas, que siguen repitiendo que la verdad de todo aquello se ocultó y que el alma del golpe de Estado de 1981 era el propio rey.

Esa afirmación ha calado en muchos sectores de la sociedad, que siguen creyéndola (porque es una creencia y nada más) sin darse cuenta de que es puro cuñadismo. Los hechos demuestran lo contrario. Los hechos demuestran que el rey paró el golpe. Entre otras cosas porque era el único que podía pararlo. 

Pero los cuñados, los petulantes cuñados, siguen repitiendo que no, que ellos saben más que los historiadores y que los testigos y que los jueces. Y que todo estuvo manipulado. No se dan cuenta de que los manipulados son ellos. Y que lo grave no es que esa manipulación consentida contribuya al descrédito de la democracia o de la Corona. Lo más grave es que contribuye al descrédito de la verdad. Para eso es para lo que sirve la propaganda.

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