Genoveva Crespo  Periodista

Los españoles y las doce pruebas

Albert Uderzo en el cine: cómo Astérix conoció a Cleopatra y enloqueció con las 12 pruebas
Escena de la película de 'Astérix y las 12 pruebas'
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Aún nos hace sonreír Astérix y las 12 pruebas, esa aventura mítica en la que Astérix y Obélix deben superar los desafíos que, inspirados en los doce trabajos de Hércules, les ponen los romanos. Los había de todo tipo, incluido encontrar el formulario A-38, en una locura de edificio de varias plantas dónde un ejército de burócratas redirigen a sus víctimas de una ventanilla a otra, en un subir y bajar extenuante.

Esa vieja parodia sobre la burocracia está quedando en nada si se compara con el volumen de documentación requerido hoy para llegar a la meta requerida en cualquier trámite y los procesos de digitalización que hay que cumplir en la relación con administraciones y empresas de servicios. De lo mayor a lo pequeño.

Estos días es noticia el retraso en la llegada de los fondos europeos para recuperar nuestra economía tras la crisis provocada por el covid. Ante el hecho de que la media del ejecución en España de las ayudas europeas se queda habitualmente en el 30% del volumen disponible, muchos temen que ahora tampoco sea fácil alcanzar cotas mayores, más allá de las ayudas directas a las administraciones. Algunos expertos en la materia sostienen que van a ser tantos los requisitos y trámites que, quizá, lo que se persigue es que no se gaste o se gaste poco.

Es la misma sensación que tenemos a nivel individual cuando tratamos de acceder a determinadas ayudas y servicios. Por un lado, hay que cumplir los requisitos, faltaría más. Pero una vez adquirida la condición de perceptor por derecho, hay que superar los obstáculos que ponen los procesos digitalizados que, sí o sí, hay que recorrer para llegar a la última pantalla.

"Millones de personas no pueden valerse por sí mismas en sus relaciones ni con la administración ni con los grandes operadores"

Por un lado, los robots que atienden al teléfono llevan a menudo al desistimiento. No es mejor el lenguaje que se usa en los formularios, redactados por los propios gestores y dónde palabras comunes adquieren un significado que sólo asignan sus autores y no el diccionario, haciendo ininteligibles enunciados y requisitos. Prueben con la declaración del IVA.

Estas situaciones están ya tan generalizadas que millones de personas no pueden valerse por sí mismas en sus relaciones ni con la administración ni con los grandes operadores. Astérix superaba esa prueba, la número ocho, creando su propio formulario, el A-39, con el que devolvía la confusión burocrática a los romanos.

Ahora que una parte del dinero que esperamos de Europa tiene como destino la digitalización, tendrá que ser para incluir y no para expulsar. Para facilitar y no dificultar. Para resolver y no impedir. No todos podemos ser Astérix.

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