Las lágrimas de Suárez

Suárez.
Suárez.
EFE

Puede que Oblak haya sido más determinante, puede que Llorente haya crecido más que nadie, puede que Koke haya ejercido un liderazgo superior, pero esta pasará a la historia como la Liga de Luis Suárez. Menospreciado y señalado por el Barça, llegó a ser acusado veladamente de nocivo para el vestuario. El uruguayo es mucho más que el amigo de Messi, es sencillamente un delantero de época.

Sus lágrimas al acabar el partido denotan el enorme sufrimiento vivido, la incomprensión de sentirse señalado, la obligación de explicarle a sus hijos que tenían que cambiar de club y de ciudad. Supo convertir el menosprecio en fuerza para seguir trabajando, para no quejarse de la rodilla, para dejarse el alma en cada partido, para cabrearse después de ser cambiado, para no dejar de ser un goleador único. El Atleti del Cholo tuvo esta vez el diferencial de un delantero diferencial, que encajó como un guante en la peculiar filosofía del Atleti, como ya lo había hecho en el Ajax, en el Liverpool o en la Selección charrúa. Suárez siempre se pudo adaptar a cualquier entorno, a cualquier circunstancia.

Imagino la sonrisa de Messi, ya en su retiro vacacional, con su equipo jugando en Eibar, saltando con el segundo gol de su gran amigo en Zorrilla. Quiso mostrar su cercanía en la semana más importante para el Atlético y la reivindicación de Suárez es una alegría para el que le quiere más allá del fútbol.

Si apasionante ha sido el final de temporada no lo va ser menos el día después con el futuro de Zidane, de Koeman, de Ramos, de Suárez, incluso de Bale en el aire. Se acabó la Liga del año más difícil y la ganó el equipo que cree en lo imposible y que hizo valer la ‘zona Suárez’, que diría el Cholo.

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