Las incógnitas del pacto a medianoche

Encarna Samitier  Directora de '20minutos'
Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno al inicio en el debate de la quinta prórroga del estado de alarma.
EFE/ Ballesteros

Un país en estado de alarma, sacudido por una pandemia que ha causado cerca de treinta mil muertos; un gobierno de coalición, sin rodar y en minoría, y una crisis económica terrible que ya golpea duro. Estas son las circunstancias en las que se ha gestado el pacto secreto para la derogar íntegramente la reforma laboral entre PSOE, Podemos y Bildu.

El acuerdo sacudió ayer el tablero político y engulló las declaraciones del presidente Sánchez: “No negociaremos con Bildu”. Tres párrafos rectificados por el PSOE a medianoche, dos horas después de que su contenido aflorara, sin mucho éxito, ya que Podemos se ratifica en todos los términos: “Pacta sunt servanda (Los pactos están para ser cumplidos )”, ha dicho a primera hora Pablo Iglesias, en latín. ¿Crisis entre socios a la vista? ¿Las costuras internas socialistas, a punto de desgarro?

Un pacto firmado en los días en los que la portavoz socialista vasca, Idoia Mendía, es acosada con pintadas de ‘asesina’ en su casa y caravanas de coches sin que el partido de Otegui condene estos ataques. Un compromiso que dispara a la línea de flotación de las líneas abiertas para la reforma de la reforma laboral, con patronal y sindicatos, y a la de la comisión ‘de reconstrucción económica’ constituida en el Congreso. Que desoye, a cambio de una abstención para la prórroga, los llamamientos a un amplio consenso para afrontar la crisis y negociar con Europa.

Un movimiento que deja en una posición desairada a Ciudadanos, que ha dado su apoyo al Gobierno para demostrar que no tenía por qué depender solo de socios independentistas… Sería para pensar que el nuevo plato añadido a la pila por el equilibrista puede acabar haciendo añicos toda la vajilla.

El asunto es que los cálculos de Pedro Sánchez incluyen otras variables. Podemos le llevó a La Moncloa, pero al entorno del presidente le gusta lanzar mensajes al electorado común, que da muestras de moverse en las encuestas hacia el apoyo al PSOE: un partido que puede comprender a los independentistas, frenar a la ultraderecha, atender a los desahuciados y lidiar con Europa. Todo con un ojo puesto en las elecciones vascas catalanas, donde le interesa que el socialismo salta bien, pero sobre todo con la mirada en el PNV y ERC, con quien las relaciones están congeladas, pero no rotas.

Son demasiadas ramificaciones: si un cable se cruza puede haber un cortocircuito de consecuencias imprevisibles. Una mayoría de españoles ha apoyado hasta ahora las prórrogas del estado de alarma, un instrumento que restringe los movimientos y que España está estirando más que otros países de su entorno. Ha habido casi unanimidad, pero también la hay en que la salida de la crisis se pacte ampliamente. 

Las negociaciones para cada prórroga, sin embargo, se están convirtiendo en una subasta. Incluyendo el asunto extremadamente sensible de la reforma laboral, del que dependen millones de trabajadores y de empresas . El PSOE lo llevó en su programa aunque reconoció después la dificultad de derogarla íntegra y primó los tres puntos, ampliamente aceptados, que ha vuelto a rescatar ahora para salir del embrollo del pacto nocturno: derogar los despidos a causa de absentismo por enfermedad, las limitaciones de ámbito temporal del convenio colectivo y la prioridad de los convenios de empresa sobre los convenios sectoriales.

A los enormes problemas que afrontan la sociedad y el Gobierno, se añaden ahora las dudas sobre qué alcance, en contenido y en el tiempo, tendrá la derogación de la reforma laboral. Con o sin mascarilla, ahora hace falta especialmente una rueda de prensa del presidente para que aclare un asunto de enorme trascendencia económica, social y política.

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