Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'
OPINIÓN

Las dos almas del PP

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha advertido hoy a Inés Arrimadas que no participará en ninguna propuesta que pretenda concurrir juntos a las elecciones por interés electoral. "Si el objetivo es unir, no se puede desunir a los 5 minutos porque los gallegos no nos perdonarían una coalición que no es tal, sino una agrupación de intereses electorales", ha declarado Feijóo en rueda de prensa.
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en una imagen de archivo.
Xunta

El próximo 6 de abril, el PP someterá al dictamen de las urnas su marca en Galicia y el País Vasco con dos candidatos de muy distinto pelaje. Alberto Núñez Feijóo y Carlos Iturgaiz comparecen a las elecciones autonómicas bajo las mismas siglas pero una actitud diametralmente opuesta sobre un asunto tan medular para el partido como es su relación con Ciudadanos y sobre todo con Vox.

Mientras Feijóo carga públicamente contra Santiago Abascal afirmando que no tiene cabida en su tierra porque Galicia "no necesita profetas", Iturgaiz dice que el líder de la formación ultra es "una persona maravillosa" y que si no están juntos es porque ellos no quieren. También fueron perspectivas electorales bien distintas las que influyeron en la forma en que la dirección del PP resolvió las diferencias que sus barones le plantearon a la coalición con Ciudadanos en esos dos territorios.

El error de Alfonso Alonso fue pensar que podía librar con Génova el mismo pulso que Feijóo libró con éxito en el intento de evitar un acuerdo por el que colaban en sus listas candidatos naranjas que, según dijo, utilizarían al PP como vehículo para montar su propio grupo en el Parlamento gallego.

Un argumento que el presidente de Galicia detalló en su comparecencia del martes en un foro periodístico de Madrid, donde hizo una auténtica exhibición de fuerza argumental y también de influencia, porque, además, logró que solo se hablara de los asuntos que le convenían y apenas se entrara en las cuestiones internas del partido, sobre la que su opinión suscita un enorme avidez informativa. 

En su respuesta a un "diga lo que quiera" del moderador, se limitó a lamentar profundamente la marcha de Alfonso Alonso del PP, a desear que lo reconsidere y a alabar escuetamente la figura de Carlos Iturgaiz.

Hubo, sin embargo, en su discurso párrafos reveladores de una posición política propia y bastante más centrada de la que rige en la actual dirección del PP. Es obvio que el presidente gallego no ve con los mismos ojos que Génova lo que denominó "coaliciones ficticias" y cualquier acercamiento al nacionalismo rancio que abandera Vox, con el que dejó muy claro que no quiere trato alguno. 

Por el contrario, y ante la mirada atenta de Casado, García Egea y Álvarez de Toledo, abogó por aglutinar a "todos los moderados" y rechazó de plano la política de bloques. 

Transmitió la idea de proyectar fuera el modelo de Galicia, que combina la sensibilidad identitaria con la de ser español, y que, superando el error en el que incurren los nacionalismos excluyentes de ambos extremos, se ha convertido –afirmó– en el mejor antídoto contra el separatismo.

En definitiva, un discurso muy ponderado con el que concurre a las próximas elecciones en una línea netamente presidencialista donde las siglas del Partido Popular tendrán el mínimo protagonismo. Por el contrario, Iturgaiz tratará de despertar al ala dura del partido con la complacencia de Casado y la complicidad de Aznar y Mayor Oreja. 

Ese contraste de almas y estrategias será sometido a examen el 6 de abril, y la respuesta del electorado no sólo afectará a Galicia y el País Vasco. En ella se juegan mucho también quienes dirigen el PP.

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