Borja Terán  Periodista

'Las claves' del mal rendimiento del nuevo debate de La 1

Javier Ruiz en 'Las Claves'
Javier Ruiz en el plató de 'Las Claves', con una escenografía sin profundidad ni premisa propia
TVE

Una de las funciones de la televisión pública es adelantarse a las necesidades del espectador. Es la manera de que su producción sea útil y relevante al proporcionar herramientas a la audiencia, ya sea a través de entretenimiento o información. Sin embargo, la primera gran apuesta de La 1 en este 2022 ha pinchado ya en su estreno. Se trata de Las claves del siglo XXI. Se intenta recuperar la mítica marca La Clave de José Luis Balbín. Pero sin Balbín (de ahí el cambio de nombre) y apostando por Javier Ruiz. Dos comunicadores reputados, pero muy diferentes. Balbín es un maestro en un arma clave del arte televisivo: el carisma de la autoría con un punto irónico, mientras que Ruiz es un experto en la seriedad del riguroso periodismo denominado de datos.

A pesar de la promoción y la expectación del estreno, la primera entrega de esta nueva tertulia sólo ha cosechado 5,5% de cuota de pantalla y, el dato más relevante, 710.000 espectadores de audiencia media. No ha traspasado la barrera del millón. Un bajo rendimiento de Las Claves que era fácil de pronosticar. Ya la propia TVE intentó un debate en los sábados noche la pasada temporada y no tiró. Fue cancelado a la tercera emisión. Porque, tras años de actualidad vivida intensamente y en plena fatiga pandémica, el público prefiere obtener conocimiento con otros tipos de programas. Es más, el público ha interiorizado que el género del debate de prime time no aporta si se estira al infinito. No todo es debatible. De hecho, el primer programa de Las Claves, a pesar de las autojustificaciones del presentador recalcando que no se iban a debatir los hechos objetivos, se centraba en la pregunta: vacunación obligatoria sí o no. Un debate que no está en la calle y que tampoco tiene mucho sentido realizar (y sembrar la duda) desde una televisión pública de un país en el que sus ciudadanos se han vacunado masivamente con responsabilidad.

El (manido) centro del debate no ayudaba al interés del arranque del primer programa. El público quiere abrir la mente hacia otros lugares, después de tanto tiempo con unos medios de comunicación debatiendo sobre un virus cuando no existía información suficiente. Y cuando se acaban las certezas y se sigue debatiendo, entonces, empieza la especulación. Ahí es cuando lo más honesto es explicar al espectador directamente que no hay certidumbres. Porque nos han querido hacer creer que lo podemos saber todo y al momento. Pero no, no siempre se puede saber todo, y ya. No todo puede ser una tertulia infinita.

En este sentido, lo interesante y el acierto de Las Claves es que intenta ir a los expertos. Huir del argumentario de la trinchera política e indagar en el análisis con referentes estudiosos en la materia. Pero, en la multipantalla actual, incluso estos conceptos se deben presentar con una premisa de programa más diferenciada para que no se parezca a un refrito de algo ya visto, que no de la sensación que el formato llega tarde. Por ejemplo,  el programa '59 segundos' (2004-2012) lo conseguía con la iconografía del micrófono que se bajaba cuando se terminaba el tiempo de intervención de cada ponente y, en sus primeras temporadas, realizándose desde la Universidad Complutense como cálido y despierto lugar escénico. En cambio, en Las Claves la sintonía, la base musical (misma que la del programa de Jesús Cintora, por ciento) y la rotulación remite a repetición más que a identidad contundente. Podría ser cualquier magacín diario. 

Entender los hábitos de vida del espectador

Pero lo que más falla del formato es la ubicación elegida en la programación: los viernes noche. Quizá se haya optado por esta franja porque se ha pensado que una tertulia de estas características sería complementaria a los espectáculos de entretenimiento de los canales rivales. Error, hay que saber entender también los hábitos de consumo del espectador.

La audiencia de hoy los viernes quiere romper con la rutina. Busca cambiar el compás de la semana y descubrir a través de otros géneros creativos. No atender de nuevo a la misma tertulia que sigue la línea que han visto en los magacines diarios o lo que ya realiza todas las noches en el Canal 24 Horas 'La noche en 24 horas' de Xabier Fortes. Y con el mismo espíritu de periodismo contrastado y sin sensacionalismo. Ese cometido lo cumple de largo TVE en su día a día. Las claves puede tener sentido en un late night de La 1 o al principio de la semana como espacio que define lo relevante a lo que nos enfrentamos, pero no como un prime time de fin de semana de un canal generalista. Porque La 1 no es un canal temático de información, no es una segunda emisora de un gran grupo como La Sexta. Tiene la obligación de ser una alternativa creativa a las grandes privadas, un motor audiovisual que sirva de escaparate a un país que no para de crear y que no siempre se ve en la tele.  Y es que, que nadie se confunda, en el viernes noche se puede aprender más con El Paisano recorriendo los pueblos de España -que superaba holgadamente la barrera del millón de espectadores en La 1- o con las canciones e historias de los protagonistas de Tu cara me suena que con la enésima tertulia de la semana. 

Pero, de momento, con las principales decisiones tomadas en La 1 en los últimos meses, da la sensación de que a la nueva dirección de TVE sólo se le está ocurriendo resucitar programas que ya existieron en la parrilla y que fueron desapareciendo porque ya pasó su momento y los consumos audiovisuales son otros. Corazón, la cocina de Los Hermanos Torres, La Clave... Hasta el Festival de Benidorm ha vuelto. Menos mal que el Benidorm Fest sí parece que ha sabido adaptarse al hoy con una mirada joven y artistas conscientes de su tiempo. Eso tiene que ser TVE: consciente de su tiempo. No imitar. Entender cómo en sus 65 años de vida Televisión Española ha inspirado a la sociedad saliéndose del guion previsible. Así marcó la agenda social. En continuar ese legado creativo, con la valentía que une a todos los españoles, está lo prometedor de su futuro. No hay que repetir popurrís de tópicos que están en el recuerdo, hay que centrarse en las ideas concretas y con autoría (delante y detrás de cámara) que entienden los códigos, obligaciones y necesidades del sistema audiovisual en cada momento. Esas son las verdaderas claves. Nadie dice que sea fácil, sólo hay que atreverse a las (despiertas) ideas para no ser irrelevante.

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