Trabajadoras del hogar, esenciales y sin derechos

Liliana Marcos Barba  Responsable de políticas públicas y desigualdad de Oxfam IntermónOPINIÓN

Manifestación de la CIG Mulleres para reclamar mejores condiciones para las cuidadoras profesionales del hogar
Manifestación para reclamar mejores condiciones para las cuidadoras profesionales del hogar.
EUROPA PRESS

Que el equivalente a toda la población de Cantabria, más de medio millón de mujeres, sean en España trabajadoras del hogar empleadas por las familias, forma parte del Spain is different. Nada menos que el 28% de las trabajadoras del hogar de la UE están en nuestro país. Junto a Italia, sumamos seis de cada diez. Un sector laboral sobredimensionado y altamente precario: una de cada tres vive bajo el umbral de la pobreza y el 36% de su trabajo se presta en la economía informal, sin cotizaciones, sin derechos, invisibles.

Si trabajan cotizando tampoco tienen los mismos derechos que el resto: no tienen reconocida la prestación por desempleo, sus pensiones se calculan de forma diferente, están excluidas de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, no están protegidas del despido injustificado ni tienen negociación colectiva.

Que si el salario medio equivale a diez, el suyo sea de cuatro, que ganen una miseria, no corresponde a la importancia de su labor. Unas 85.000 trabajadoras del hogar cuidan a personas adultas dependientes porque el sistema público de cuidados no llega. Es más, aquellos países de nuestro entorno que invierten más en dependencia tienen un número mucho menor de trabajadoras del hogar y mucho mayor ¡de trabajadoras de servicios sociales!

Es hora de organizar los trabajos de cuidado, aquellos que hacen posible todo lo demás, de forma diferente, con una mayor participación de lo público. Como es hora también de cumplir el compromiso del Gobierno de coalición de ratificar el Convenio 189 de la OIT de trabajo decente para las trabajadoras del hogar. Mantener sine die sin derechos a estas mujeres para que su trabajo sea asequible por el resto de la población es incoherente con una clase dirigente que se dice feminista.

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