Juan Luis Saldaña  Periodista y escritor

Lapidación en Twitter

Cada insulto es una piedra más.
Cada insulto es una piedra más.
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Entonces Twitter dijo al pueblo digital: “el que esté libre de identidad o de responsabilidad, que tire la primera piedra” y la historia cambió. La lluvia de insultos, críticas, burlas e injurias se desató como una tormenta de verano. El monstruo fue creciendo. Cada vez tenía más hambre. Se acostumbró a un sacrificio humano cada día. El monstruo de la red social pide alguna víctima propiciatoria para saciar su hambre y los usuarios, la actualidad y la imprudencia de algunos, no fallan a la cita. El inocente pajarito azul, se convierte en un tétrico monstruo que se sacia cada día sin problemas.

Hay un hecho especialmente perverso en las lapidaciones: no se sabe quién ha sido el causante de la muerte. Han sido todos y no ha sido ninguno. Hay piedras que impactan y otras que no. Hay piedras que pesan y otras que son incapaces de hacer daño. Hay un reparto de la culpa tan extenso que acaba en disolución y, casi siempre, en absolución. La muerte suele ser lenta y, por supuesto, dolorosa. Es un trance que no pasa rápido para la víctima.

"Algunas costumbres digitales recuerdan al “morbo gótico”, aquella tendencia a asesinar a los gobernantes para derrocarlos que tenían los reyes godos"

Algunos códigos penales, todavía hoy, explican cómo debe hacerse la lapidación. El de Irán, por ejemplo, indica que se debe enterrar a la persona condenada hasta la cintura y se le debe atar y tapar el rostro. En Twitter, se ata a la víctima y se le entierra por medio de una etiqueta, una de esas almohadillas que hay en los botones del teléfono y que se conocen con la palabra “hashtag”, fascinadora y mágica como tantos anglicismos. Esta es la víctima de hoy, acabad con ella con vuestras frases ingeniosas, con vuestros memes afilados y vuestra creatividad estéril. También se señala a la víctima con el nombre de “trending topic”, una especie de cima absurda de la popularidad que tiene, como todas, su lado oscuro.

Cuando aparece el nombre de personajes famosos, siempre hay algunos que piensan que se ha muerto y lo hacen saber a su pequeña comunidad como si el hecho fuera gracioso. La muerte real y el atentado a la fama son dos realidades que se llevan bien, les gusta enredarse y jugar. El morbo siempre funciona y algunas costumbres digitales recuerdan al “morbo gótico”, aquella tendencia a asesinar a los gobernantes para derrocarlos que tenían los reyes godos, casi desde el primero hasta el último. Ya nadie se aprende la lista de los reyes godos. Está en Google, dicen, por si la necesitas, pero nadie la necesita. Vamos a lo interesante. ¿A quién vamos a rajar hoy? 

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