La habilidad para la autopromoción de Pedro Almodóvar

Pedro Almodóvar posa, medidamente casual, delante del cartel de 'Madres Paralelas
Pedro Almodóvar posa delante del cartel de 'Madres Paralelas
Twitter Agustín Almodóvar

En 1990, Victoria Abril y Antonio Banderas llegaron montados en un camión de basura al cine donde se estrenaba Átame. Pedro Almodóvar no sólo lograba una iconografía aplastante en sus películas, sino también a la hora de comunicar sus nuevos proyectos. Incluso sabiendo envolver del sentimiento de acontecimiento único a sus alfombras rojas, desmontando los tópicos de las alfombras rojas.

Los tiempos han cambiado, los estrenos de cine también. Pero Pedro Almodóvar y su hermano Agustín también han entendido las nuevas narrativas para que sus producciones latan de una manera especial. Hasta desaprendiendo el glamour de otra época, al igual que hicieron con aquel camión de basura que pretendía romper con lo obvio. Porque ya el público no necesita comentar o cotillear los vestidos que llevan a un estreno las actrices como antaño, está en otro punto.

Así hemos visto a Pedro Almodóvar en pleno paseo de la Castellana posar con los carteles de su peli como un tuitero más. Carteles con un diseño bien planteado para remover. Porque el mejor cartel es el que no causa indiferencia. Es más, genera debate. Y la estampa del director con su cartel, en plena carretera y pequeñito con los grandes rascacielos de fondo, mitifica más la cinta. No es nada nuevo, lo inventó Hitchcock.

Los Almodóvar entienden cómo ir sembrando corrientes de opinión en las redes a tono con los usuarios. De esta manera, se adaptan para seguir alimentando ese boca a boca de siempre, que es lo que lleva a llenar las salas con sus esperadas propuestas. Ahora, Madres Paralelas. Aunque ser el 'director español más universal' no quita que, cuando se lance al vacío una nueva obra, no surjan los miedos. Hasta que aparezca el temor de que el filme puede ser pasto de las agresivas e impulsivas redes sociales.

"Quizá en este tiempo no hace falta una premiere gigante con focos, telones y disfraces de gala como antaño"

Pero Pedro Almodóvar es astuto también en el cometido de crear el vínculo de complicidad con su público fiel. Inclusive a la hora de frenar el peligro de la ansiosa velocidad con la que nos tiramos a comentar sin reflexionar demasiado en Twitter. De hecho, hace unos años, en la premier de Julieta paso de la pompa de un estreno e hizo pensar a sus espectadores con un: no hace falta que tuiteéis rápido tras ver la peli. Incidía en que no era una película para ir corriendo a Twitter, que había que digerirla, que dormirla, que pensarla. Se adelantaba a la tendencia del consumo de usar, destruir y olvidar de las redes para dar el modo de uso de su trabajo, como un chef con un plato exquisito, a un público con el que ya tiene construido un cierto lazo de empatía. 

Almodóvar relativiza las redes sociales, pero a la vez entiende que, en este tiempo, quizá ya no hace falta una premiere gigante con focos, telones y disfraces de gala como antaño. En 2021, es más efectista un buen cartel que sea compartido en masa porque moviliza la reflexión y en el que, después, poder posar cuando esté puesto en una marquesina a la que, por cierto, alguien ha pegado encima una bandera de la república. O algo así. Posar como uno más en la marabunta de la ciudad, aunque no seas uno más. Y, en realidad, pienses por lo bajini que estás creando una estampa para la posteridad.

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