Lo que Torquemada se llevó

Juan Carlos Blanco Periodista y consultorOPINIÓN
‘Lo que el viento se llevó’.
‘Lo que el viento se llevó’.
CINEMANIA

Quiero confesaros un par de cosas. De niño, me gustaba jugar a la guerra con metralletas de plástico y me disfrazaba de vaquero dispuesto a cargarme a todos los pieles rojas que me encontrara por el pasillo de mi casa. Y aún peor: con ocho o nueve años me tragué una tarde de verano sevillano, de esas de cuarenta grados y pico, las cuatro horas de Lo que el viento se llevó como si yo fuera un vecino de Tara y Clark Gable fuera el padre que nunca tuve. Pues bien, pese a estas execrables aficiones mías, ya de mayor nunca me entraron ganas de invadir Gibraltar ni tampoco me planteé inscribirme en el Ku Klux Klan.

Ahora, los adalides del revisionismo puritano quieren restringir o eliminar de nuestras pantallas Lo que el viento se llevó y todas aquellas películas, obras de teatro, novelas y pinturas que no sean políticamente correctas (aproximadamente, el 90% de la producción artística de la historia de la humanidad) para salvarnos de nuestros prejuicios y necedades.

"Este ejercicio de censura retroactiva no nos ayuda a ser mejores, sino que nos trata a todos como a menores"

Quizás la intención de estos nuevos Torquemadas sea noble, pero su planteamiento es histórica e histéricamente incorrecto. Si, por poner otro ejemplo, queremos ponerle un rótulo de advertencia a las películas de Esteso y Pajares para advertirnos de que estamos a punto de sumergirnos en la España casposa del destape setentero, pues vale, pero no nos vengamos arriba: este ejercicio de censura retroactiva no nos ayuda a ser mejores, sino que nos trata a todos como a menores a los que hay que ponerles dos rombos cada vez que quieran ver una película para que no se nos conviertan en unos misóginos racistas iracundos.

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