Las tentaciones 'fake'

Juan Carlos Blanco  Periodista y consultor
Cuentas "fake" con fines políticos.
Una imagen de las redes sociales Facebook y Twitter.
PIXABAY

Una confesión un tanto cínica: cualquiera que se dedique a la información sabe que, a día de hoy, lo importante de una noticia no es que sea verdad, sino que aparente serlo. Con eso basta para que se distribuya por las autopistas de desinformación masiva de las redes sociales, de los grupos de WhatsApp y de algunos medios que lo sacrifican todo en la búsqueda ansiosa de clics. Las mentiras no penalizan: ¿por qué no usarlas?

Las fake newsson muy tentadoras porque son eficaces, y demasiada gente aplica en esto la máxima de Oscar Wilde: la mejor manera de evitar la tentación es caer en ella. Da igual que lo que se comparta no aguante ni el primer vistazo de una verificación. Lo importante es reforzar las ideas de tu tribu. Mejor una buena emoción primaria que ayude a defender lo que piensas que una aburrida idea razonada que desmonte tus prejuicios.

Las noticias falsas empiezan inoculando bacterias de mala bilis, rencor y odio al contrario hasta hacer insoportable la convivencia y terminan desestabilizando gobiernos, empresas y sociedades enteras. El contrato social pivota en torno a la confianza en quienes nos representan. Y las fake news la están destrozando.

Contra esto no cabe esconderse ni exiliarse de las redes o decir que esto no va con nosotros. Esto es responsabilidad de todos, de los ciudadanos, de los medios, de las plataformas sociales y, en especial, de unas Administraciones que tienen que darse cuenta de que, como sigamos así, a partir de ahora vamos a tener que esquivar vertederos de infamias y patrañas cada vez que encendamos las pantallas de nuestros móviles y ordenadores. Al tiempo.

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