Pedro Sánchez se hace un ‘Alfonso Guerra’

"Impulsar la recuperación". Ese es el argumento que repitió este lunes el presidente, Pedro Sánchez, para justificar la amplísima crisis de Gobierno abordada este fin de semana.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Dicen quienes saben de esto que la crisis de Gobierno abierta y cerrada un sábado de julio de playa y Tour de Francia demuestra que Pedro Sánchez ha vuelto a mirar al PSOE después de año y medio de un Gobierno ‘bonito’ azotado por la pandemia. Estoy de acuerdo. Es más, diría que ha querido homenajear al socialismo clásico y, por ello, se ha hecho un ‘Alfonso Guerra’, remodelando el Gobierno hasta el punto de que no lo conozca "ni la madre que lo parió".

Así, a Sánchez le está pasando como a los grandes dirigentes de la Unión Soviética: que todos sus acompañantes más leales le van desapareciendo de la foto de uno en uno… o de tres en tres. Primero fue Salvador Illa, luego Pablo Iglesias, y ahora el tridente hasta ahora inamovible de Carmen Calvo, José Luis Ábalos y el exgurú Iván Redondo, a quienes acompañan algunos que acaban de enterarse de que ser ministro en España es hoy en día un deporte de alto riesgo: no sabes por qué te nombran ni por qué te echan.

Adiós, pues, a los históricos del primer Gobierno de coalición nacional de la democracia española, pero también fin de los cortafuegos del presidente. Sánchez pide asilo político en Ferraz después de encomendarse a los magos de la mercadotecnia política y se rodea de un nuevo equipo que es solvente, pero a cambio pierde a quienes compartían con él el purgatorio de las críticas más salvajes y le hacían de pararrayos, dispuestos a tirarse por un barranco.

Ahora, todavía más que antes, acaparará todo. Como un César cualquiera, todo se va a centrar en él y en nada más que él. Y ya no le valdrá seguir cambiando de vicepresidentes y de ministros como quien cambia de series en Netflix.

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