Lo que me da exactamente igual de las vacunas

Una enfermera administra la vacuna contra el coronavirus a una mujer en Sevilla.
Una enfermera administra la vacuna contra el coronavirus a una mujer en Sevilla.
EUROPA PRESS

Desde hace un par de semanas, entro todos los días sin falta en la web de Salud de la Junta de Andalucía a ver si me ha llegado ya la hora de ponerme la primera dosis de la vacuna contra la Covid. Como cualquier hijo del baby boom, tengo mis grupos de WhatsApp de amigos ‘cincuentenials’ a la expectativa de la gran llamada, del SMS redentor de nuestras angustias.

Todos estamos dispuestos a dejarlo todo con tal de llevarnos una Pfizer o una Moderna al brazo. Y con razón. La pandemia sigue cargada de dolor, pero las vacunas han frenado su expansión y están salvando millones de vidas. Es un hecho objetivo. Con ellas no existe el riesgo cero, pero sin ellas hubieran muerto millones de hombres y de mujeres que hoy tienen la oportunidad de seguir viviendo.

Me quedo con lo importante. Me quedo con que en menos de año y medio hemos vivido uno de los avances médicos más rápidos y eficaces de la historia de la humanidad.

Habrá dientes de sierra con rebrotes y recaídas, pero, en unos meses, iremos tomando conciencia de lo que significa eso que se ha venido a llamar la inmunidad de grupo. Y también veremos cómo nuestros políticos se afanan en arrogarse el éxito de las vacunaciones masivas.

La verdad: me da exactamente igual que lo hagan. Me da exactamente igual que lo hagan la ONU, el presidente del Gobierno, el presidente de mi región o el concejal de Obras Públicas del pueblo más vacío del país. Y me da exactamente igual que alguno se haya creído que es Moisés trayendo las vacunas a la tierra prometida. Por mí, como si todos ellos aspiran a ganar los Nobel de Medicina hasta el 2030. Me quedo con lo importante. Me quedo con que en menos de año y medio hemos vivido uno de los avances médicos más rápidos y eficaces de la historia de la humanidad. Y me quedo con que lo hemos logrado con el mayor ejemplo de colaboración público-privada de los últimos siglos. Algunos se arrogarán este éxito. Pero este éxito es de todos. Que no se nos olvide.

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