Ábalos 5.0

Juan Carlos Blanco  Periodista y consultor
El ministro de Transportes, José Luis Ábalos.
El ministro de Transportes, José Luis Ábalos.
Henar de Pedro

Pongámonos en que creemos lo que afirma José Luis Ábalos sobre su encuentro en Barajas con la vicepresidenta de Venezuela, que tiene prohibido entrar en suelo de la Unión Europea por vulnerar el Estado de derecho y la democracia en su país. O, para ser más precisos, pongámonos en que nos creemos su quinta versión de los acontecimientos. Pues bien, esto tiene un pequeño problema por resolver. Si aceptamos esta última versión actualizada, ¿qué tenemos que pensar de las cuatro anteriores que han ofrecido él y su equipo, sabiendo que son manifiestamente contradictorias con la quinta?

Este artículo no pretende ser un juego de sarcasmos a cuenta del encierro con miuras en el que se ha metido el señor Ábalos por cuenta propia, sino, a lo sumo, un intento de trasladar en unos pocos párrafos el desconcierto y la perplejidad que suscita la sucesión encadenada de desatinos comunicativos protagonizada por el también número dos del PSOE de Pedro Sánchez.

Quizás no estemos en un momento de la política en el que la falta de coherencia penalice a quienes se contradigan o distorsionen la realidad de una manera tan flagrante, pero lo de Ábalos y su encuentro con Delcy Rodríguez va camino de estudiarse como un ejemplo de cómo pegarse un tiro en el pie en cinco ocasiones seguidas. Esto es, de lo que jamás debe hacerse.

A Ábalos no hay que ponerle un polígrafo para determinar cuándo ha dicho la verdad y cuándo no. Pero sí que hay que meterle en la cabeza que cambiar de versión en un tema tan delicado con la misma rapidez con la que se pone un tuit o se enciende un cigarro se termina pagando, si no con el cargo, que es exagerado, sí con un descrédito que luego no hay quien remonte.

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