Sánchez, tragar sin atragantarse

Joaquim Coll  Historiador y articulista
El presidente catalán, Quim Torra, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente catalán, Quim Torra, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
EFE

Hace unos meses, Mariano Rajoy, en un diálogo con Felipe González, reconoció que lo primero que hizo al llegar al Gobierno fue subir siete puntos el impuesto del IRPF pese a ser derechas y haber prometido todo lo contrario durante la campaña electoral. Hizo reír a los asistentes haciendo suya una cita de Churchill: "La mejor dieta para un político es comerse sus propias palabras". Lo mismo que hace Pedro Sánchez. Antes del 10N no quiso ni coger el teléfono a Quim Torra porque no condenaba la violencia del separatismo radical. Ahora, en cambio, se reúne con él en el Palau de la Generalitat, en cuya fachada luce una pancarta que reivindica "libertad de opinión y expresión", lo cual es surrealista porque, si algo hacen a diario los políticos independentistas, es insistir en lo suyo.

Así pues, Sánchez ha decidido tragarse sus anteriores promesas para sacar adelante lo único que de verdad le importa ahora, los Presupuestos. Aunque sus tragaderas son considerables, el riesgo de atragantarse es alto. La semana pasada estuvo a un tris de un fatal accidente cuando comunicó que la mesa de negociación entre ambos Gobiernos no se reuniría hasta después de las anunciadas elecciones catalanas, todavía sin fecha. 

La jugada le permitía separar la aprobación de las cuentas del complicado diálogo con los independentistas, pero ERC entró en pánico y Gabriel Rufián fue a La Moncloa a decirle al presidente que o rectificaba o no habría Presupuestos. Este tuvo que tragar y los republicanos tienen fecha para la reunión que tanto querían, aunque el Gobierno intentará que sea preliminar con el argumento de que ninguna negociación de verdad tiene sentido hasta que haya un nuevo Govern.

"Ha logrado tragar sin atragantarse, poniendo nombre a esta nueva fase del diálogo, llamándola 'reencuentro'"

Sánchez ha sorteado bastante bien la difícil cita con Torra, de quien dijo en 2018 que era un xenófobo. Ha logrado tragar sin atragantarse, poniendo nombre a esta nueva fase del diálogo, llamándola "reencuentro", y orillando lo más posible las reivindicaciones autodeterministas con propuestas de mejora del autogobierno. 

La pregunta es cuánto tiempo durará este teatrillo porque los independentistas no van a obtener satisfacción a sus demandas de referéndum y amnistía. Torra intentará que sea el menor posible para evidenciar que el Gobierno español no se mueve de sus posiciones, desacreditar la estrategia posibilista de ERC y que JxCat vuelva a ganar las autonómicas. Si se corre mucho en la mesa de negociación, a Sánchez se le pueden atragantar los ansiados Presupuestos.

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