Joaquim Coll  Historiador y articulista

John H. Elliott, historia contra ideología

El presidente ruso, Vladímir Putin, despacha con los miembros de su Gobierno este jueves.
El presidente ruso, Vladímir Putin.
MIKHAIL KLIMENTYEV / EFE

Días antes de invadir Ucrania, Putin hizo una larga intervención televisiva en la que afirmó que desde 2014 las autoridades de ese país son ilegítimas, desarrollan una política agresiva contra Rusia, y prácticamente negó a la nación eslava vecina su derecho a existir como Estado independiente.

Al autócrata del Kremlin le gusta mucho apelar a la historia. "La Ucrania moderna fue creada en su totalidad por Rusia o, para ser más precisos, por la Rusia bolchevique y comunista", sostuvo para justificar el restablecimiento de una "unidad histórica" entre rusos, bielorrusos y ucranianos, invocando a la "antigua Rus", el Estado europeo más grande del siglo X. Todos los nacionalismos hacen la misma operación: eligen el momento histórico de mayor expansión territorial y consideran que ese es el espacio vital al que su nación debe regresar, destilando grandes dosis de victimismo ante cualquier obstáculo. Rusia no ha declarado la guerra a Ucrania, ni tan siquiera su siniestro ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, reconoce que haya una guerra, sino "una acción militar especial", pues se trata de reintegrar a los ucranianos en esa "unidad histórica".

El reciente fallecimiento del historiador inglés John H. Elliott, una de las figuras más prestigiosas del hispanismo internacional, nos recuerda la importancia de hacer un buen uso de la historia, de mantenerla alejada de las ideologías políticas, sobre todo del nacionalismo. La obra de Elliott es inmensa y perdurable porque en todos sus trabajos hay un esfuerzo por la imparcialidad histórica. En Haciendo historia, su autobiografía intelectual, explica que cuando llegó a España en la década de los cincuenta tuvo que enfrentarse a muchos mitos: a la "unidad de destino" del nacionalismo español franquista, o a la creencia en un excepcionalismo hispánico negativo que bebía de la leyenda negra de los tópicos anglosajones. Frente a ambos, Elliott articuló un relato alternativo, en el que las épocas de esplendor, declive y decadencia de la historia de España se trataban sin ningún esencialismo, se analizaban con normalidad dentro del contexto europeo.

Hablaba perfectamente castellano y catalán, y como historiador quiso introducir racionalidad y objetividad en los debates que le tocó vivir. Además de denunciar en su país la ideología nacionalpopulista del brexit, en 2018 escribió Catalanes y escoceses: unión y discordia, una obra comparada con la que culminaba la tarea de denunciar públicamente la manipulación de la historia de Cataluña al servicio de la pulsión secesionista.

Ningún pueblo, sea grande o pequeño, está libre de la ideología nacionalista, frente a la cual hoy es imprescindible reivindicar la buena historia de maestros como Elliott.

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