Envenenar el debate fiscal

Joaquim Coll Historiador y articulistaOPINIÓN
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, este jueves.
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián.
EFE

Que en el acuerdo de ERC con el Gobierno para apoyar los Presupuestos se incluya el compromiso de acabar con el "dumping fiscal" que practica la Comunidad de Madrid, a la que Rufián calificó de "paraíso fiscal de facto", es una demagógica forma de plantear un debate por otro lado necesario.

La conveniencia de armonizar, que no de igualar, algunos tributos cedidos a las autonomías, particularmente Patrimonio, Sucesiones y Donaciones, no es algo nuevo. En 2017, un estudio encargado por el Gobierno de Rajoy para revisar la financiación autonómica ya recomendó el establecimiento de un mínimo exento igual en toda España para Patrimonio, así como introducir unos niveles mínimos de tributación para Sucesiones y Donaciones con el fin de impedir que la competencia entre territorios condujera a su práctica desaparición.

"En Euskadi y Navarra se benefician de una sobrefinanciación que les pagamos entre todos los españoles"

Las políticas fiscales no son neutras, bajar o subir impuestos tiene consecuencias que no repercuten a todos por igual. Antes que un debate territorial, constituye un eje de división social e ideológica. La fiscalidad que el PP viene desarrollando en Madrid favorece a las rentas altas y castiga a los sectores populares y clases medias que tienen unos servicios públicos, como sanidad o educación, mal financiados, eso sin hablar de la intolerable pobreza que existe en un territorio que genera mucha riqueza. El Gobierno de Díaz Ayuso renuncia cada año a unos 4.100 millones con sus bonificaciones en Patrimonio, Sucesiones y Donaciones y, a cambio, logra que grandes contribuyentes trasladen su domicilio desde otras comunidades, de forma real o ficticia. Es cierto que la Comunidad incrementa la recaudación en IRPF, se calcula que entre 400 y 600 millones gracias a la atracción de altos ejecutivos, pero, hechas las cuentas, la mayoría de los madrileños salen perdiendo.

Polarizar el debate fiscal entre Madrid y Cataluña es envenenarlo con bajas pasiones. Curiosamente, los partidos soberanistas que ahora le meten el dedo en el ojo a la Comunidad con acusaciones de "dumping fiscal" esconden la insolidaridad de los cupos vasco y navarro. Las políticas de Ayuso no perjudican a los catalanes, sino que benefician a los madrileños ricos. La financiación autonómica por habitante de Madrid y Cataluña es la misma y todo depende de las prioridades y la buena o mala gestión de sus gobiernos. En cambio, en Euskadi y Navarra se benefician de forma exagerada de una sobrefinanciación que les pagamos entre todos los españoles. Sería muy bueno armonizar algunos impuestos hacia arriba en las autonomías de régimen común, pero no nos olvidemos de que las únicas comunidades que utilizan el impuesto de Sociedades para atraer a empresas y que no aportan nada a la solidaridad territorial son las forales.

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