En contra de la violencia política

Joaquim Coll  Historiador y articulistaOPINIÓN
La candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio, durante un acto en Boadilla del Monte.
La candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio.
RRF

La campaña electoral madrileña ha sido lamentable en términos de calidad democrática. El discurso de las emociones enterró mucho antes de empezar cualquier atisbo de debate sobre la gestión y las propuestas en los temas que realmente importan a la ciudadanía. Peor aún, ha predominado la violencia, sobre todo la exhibición de una violencia retórica y gestual muy inquietante. La irrupción de amenazas anónimas contra los candidatos y otros políticos se ha producido en un contexto de encendida agresividad entre partidos, con insultos personales y gruesas descalificaciones, sin olvidar algunas agresiones entre manifestantes y con la policía por parte de grupos opuestos. Esta dinámica de máxima polarización no se puede normalizar ni extender al conjunto de la política nacional. Ojalá hoy los madrileños voten pensando en cómo evitarlo.

La lucha contra todo tipo de violencia es uno de los progresos de las sociedades democráticas y cualquier regresión en este aspecto no se puede minusvalorar. Quien afirma que el Gobierno de izquierdas pretende implantar una dictadura comunista venezolana o que la derecha se ha entregado al "fascismo" no solo miente, sino que está usando un lenguaje guerracivilista y dando cobertura a posibles actos violentos.

"Esta dinámica de máxima polarización no se puede normalizar ni extender al conjunto de la política nacional"

No olvidemos que el lenguaje es un poderoso creador de realidades. En el País Vasco hubo durante décadas un modelo de violencia política ligado al terrorismo de ETA que, afortunadamente, ha ido a menos. En Cataluña, en cambio, desde que empezó el procés ha habido un progresivo aumento de las acciones violentas, principalmente contra bienes físicos e instituciones. En 2020 se contabilizaron 380 incidentes de violencia política y odio ideológico, cuya autoría es en un 90% de ideología independentista, según hizo público la semana pasada el observatorio del Movimiento contra la Intolerancia y la asociación Impulso Ciudadano.

Frente al discurso del Govern de señalar a la extrema derecha "españolista", lo cierto es que en Cataluña esta tiene un papel marginal. En cambio, lo que hay es el crecimiento de una violencia por parte de una extrema derecha independentista de ideas hispanófobas y supremacistas. Hay una realidad enquistada de acciones violentas contra entidades, particulares y partidos contrarios a la secesión junto a la exhibición normalizada de una iconografía siniestra (guillotinas, figuras ahorcadas, quema de símbolos o cabezas de cerdos). Lo grave es que, en lugar de combatirlo, desde TV3 y Catalunya Ràdio se alimenta la semilla del odio.

La política madrileña debería tomar buena nota de no copiar este tipo de dinámica, sustituyendo el conflicto identitario por el ideológico entre derecha e izquierda. De lo contrario, se destruirá la democracia.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento