Cataluña, la mayoría inexistente

Joaquim Coll  Historiador y articulistaOPINIÓN
El líder del PSC, Salvador Illa, saluda el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, durante un pleno en el Parlament.
El líder del PSC, Salvador Illa, saluda el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès.
ACN - Archivo

El consumo televisivo en España ha caído en general un 20% en los últimos meses, y en TV3 bastante más. Al canal público catalán, que vivió con el procés unos años dorados e influyentes, se le hunde la audiencia cada vez que ahora entrevista a un político (la mayoría de veces soberanista), según ha reconocido su director Vicent Sanchis. Y, sin embargo, las fuerzas independentistas siguen atrapadas en unos relatos que no concuerdan ni con la realidad de lo que sucedió en 2017 ni tampoco con lo que ha pasado hasta el día de hoy. El bloque secesionista (ERC, Junts y CUP) se rompió bajo la presidencia de Quim Torra, y por eso Cataluña fue a elecciones el febrero pasado. El espejismo de la unidad se recompuso para elegir al republicano Pere Aragonès hace medio año. Su investidura evidenció que estaban más desunidos que nunca, pero el mantra de "la legislatura del 52%" les sirvió para dar otra patada hacia adelante. La emergencia sanitaria y socioeconómica de la pandemia se lo ponía fácil para que esa mayoría aprobase sus primeros Presupuestos. Sin embargo, la semana pasada Aragonès tuvo que salvar las cuentas in extremis con el apoyo de los comunes ante la reiterada negativa de la CUP.

"Republicanos y neoconvergentes van a seguir gobernando juntos porque lo que importa es el control de la administración y de sus muchos cargos cienmileuristas"

La mayoría del 52% siempre fue una entelequia, pues en realidad esas tres fuerzas en votos suman el 48%, aunque en el Parlament disponen de una amplia mayoría absoluta. Pero es una mayoría que salta por los aires cada vez que el Govern tiene que decidir alguna cosa. Primero pasó con la cuestión del aeropuerto, cuya ampliación se ha visto frustrada. Después con la ‘mesa de diálogo’, donde Junts no se siente representada por Aragonès (ni tampoco la CUP), de manera que no es un foro entre gobiernos ni tampoco de los independentistas con las izquierdas españolas, sino solo entre PSOE y Podemos con ERC. Y ahora ha vuelto a pasar con los Presupuestos. Así pues, es una mayoría inexistente. No obstante, republicanos y neoconvergentes van a seguir gobernando juntos, mal que bien, porque lo que importa es el control de la administración y de sus muchos cargos cienmileuristas. No es extraño que entre el independentismo de base haya frustración y cansancio, y de ahí que decaiga el interés por las tertulias políticas de TV3.

Aragonès salva los Presupuestos gracias al comodín de los comunes. Se quita la presión de los anticapitalistas sin que el enfado de Junts por la ruptura de la unidad trinitaria pase de la rabieta. Se rompe de nuevo el independentismo, pero no cae el decorado de la comedia. Para ERC la línea roja infranqueable es pactar con el PSC, que le ganó en votos y tiene el mismo número de diputados. Eso le obligaría a afrontar el único diálogo que el secesionismo no quiere: el diálogo entre catalanes.

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