Sandeces

La enfermera Mercè Costas administra la dosis número 500.000 de Fira de Barcelona, punto de vacunación masivo de la Covid-19, ante la mirada de la administrativa Ariadna Martín; quien la recibe es Òscar Parra, de 31 años.
Una enfermera administra la dosis número 500.000 de la vacuna en la Fira de Barcelona.
Laura Fíguls / ACN

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), España es el segundo país del mundo en esperanza de vida: 84 años. El primero es Andorra, con 87. El tercero es Japón, con 83. Suiza, el 4.º; Canadá, el 12.º; Nueva Zelanda, el 16.º; Noruega, el 17.º; Estados Unidos, el 37.º; etc.

España también es uno de los países del mundo donde menos se rechazan las vacunas. En estos momentos, entre los grandes países europeos, España es el que más vacunas antiCovid pone en función de su población. 

Es decir, que toda la diarrea mental de los antivacunas, que te dicen que nos saldrá rabo y cuernos, y que nos volveremos autistas, que nos convertiremos en torres repetidoras andantes del 5G, que Bill Gates nos dirigirá, que las vacunas nos matan, que nos convierten en una especie de electrodomésticos con obsolescencia programada y un sinfín de memeces más, no es otra cosa que imaginación paranoide. En una palabra: necesitan ayuda. Y de forma urgente.

Si en España nos vacunamos con frenesí, ¿por qué somos tan longevos? ¿No deberíamos, si seguimos las estupideces de los antivacunas, morirnos como gusanos? En fin, dejémoslo. O no, porque lo que hace todo ese personal de la imaginación paranoide es sembrar desconfianza; y como que, en general, a veces merecidamente o muchas veces merecidamente, se mira con recelo a los que tienen el poder, el campo está lo suficientemente abonado para que crezca lo peor de lo peor.

Las sectas matan, destruyen. Los que con sus mentiras atentan contra la salud pública también.

Si queremos superar la pandemia, es necesario que se llegue a más del 70% de población vacunada en el mundo. Si nos quedamos muy por debajo, vamos a sufrir, según cuentan, a mi entender, dos de los profesionales que más y mejor han sabido analizar y explicar lo que pasa. Les voy a dar dos nombres: Eric Feigl-Ding (@DrEricDing) y el doctor Miguel Cervantes, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital de Sabadell.

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