Renovarse o morir

Iñaki Ortega  Director Deusto Business School y profesor de la Unir
Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno.
WIKIMEDIA

En la semana en la que nos hemos dado de bruces con la crisis del turismo y las previsiones de destrucción de empleo, solo queda acordarse de Miguel de Unamuno y su genial afirmación: "El progreso consiste en renovarse". La decisión del Gobierno británico de exigir una cuarentena a los turistas que viajen a España ha asestado un duro golpe a los ya maltrechos datos de nuestra primera industria nacional. Canarias o Baleares sufrirán caídas de dos dígitos en su PIB, o lo que es lo mismo, cientos de negocios cerrarán y miles de trabajadores serán despedidos.

A partir de ahora todos los esfuerzos irán orientados a sostener esta fuente tan importante de riqueza y vendrá financiación a espuertas y millonarios planes de ayudas. Pero hace un siglo, Unamuno, sin saber que una pandemia castigaría a su país, adelantó la solución. Su llamada a renovarse se ha convertido en el popular dicho "renovarse o morir". Pero, antes de que nos empecemos a lamentar de ser españoles y nuestro mísero destino, conviene recordar que en todo el mundo renovarse e incluso reinventarse está detrás del éxito de empresas, países y profesionales. 

"El progreso consiste en renovarse"

Compañías suecas, americanas, francesas o japonesas lo han probado con éxito: Ikea empezó vendiendo bolígrafos y hoy es la referencia mundial en mobiliario, Coca-Cola era un jarabe medicinal antes de ser la bebida refrescante por excelencia, Peugeot ofrecía molinillos de café y ahora vende coches en los cinco continentes y Nintendo fabricaba barajas de cartas antes de liderar el negocio de las consolas de videojuegos.

El milagro de países como Corea o Israel tiene su base en saber renovarse y aprovechar las crisis como acicate. Corea pasó de ser más pobre que Ghana a uno de los diez países más ricos del mundo. La clave de este espectacular desarrollo es el continuo cambio; de la agricultura a la industrialización, de un modelo de importaciones a otro basado en la exportación, y de una competitividad de costes a otra centrada en la innovación. 

"Corea pasó de ser más pobre que Ghana a uno de los diez países más ricos del mundo"

La historia del milagro económico de Israel, escrito por los periodistas Senor y Singer, explica el éxito de una economía emprendedora que en apenas unas décadas pasó de ser un país agrario a una potencia tecnológica. ¿Cómo es posible conseguir ser el principal inversor del mundo en investigación y desarrollo por habitante siendo un territorio en guerra y sin recursos naturales? La respuesta es la innovación y el emprendimiento. Israel crea anualmente miles de empresas de alto potencial gracias a un perfecto ecosistema de sector público, universidades y talento con un denominador común:poner en cuestión lo establecido.

Pablo Isla abandonó una brillante carrera de abogado del Estado para probar fortuna en la empresa y hace pocos meses fue nombrado el mejor CEO del mundo por su trabajo en Inditex. Letizia Ortiz cumplió su sueño de presentar el informativo de referencia, pero lo dejó todo por ser la reina de su país. Ricardo Fisas fue despedido con cincuenta años, pero eso le llevó a crear la empresa Natura Bisse, referencia mundial en cosmética. Si Peugeot o Ikea no hubieran cambiado, estarían hoy cerradas. Sin una reinvención radical, Corea o Israel no serían las economías que hoy admiramos. Quizás también nos hubiéramos perdido el liderazgo de Isla, Fisas o la reina Letizia. ¿A qué esperamos a hacer caso a Unamuno?

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