Los extremos se tocan

Iñaki Ortega  Doctor en Economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja UNIROPINIÓN
Oficina de Empleo ubicada en Madrid.
Oficina de Empleo ubicada en Madrid.
Europa Press

Las ideologías llevadas al extremo se radicalizan y acaban por promover idénticas actuaciones antidemocráticas. Por ello suele usarse la expresión "los extremos se tocan". Esta afirmación en una línea plana parece imposible de demostrarse, ya que un punto en la parte derecha de la recta y otro en la izquierda nunca se podrían llegar a juntar. Pero un filósofo francés ha conseguido probarlo usando el dibujo de una herradura. Los extremos de la herradura casi se juntan porque son la base del arco de dicha forma. Parece ser que el arco semicircular con forma de herradura nació en la península ibérica antes incluso de que se aplicase en la arquitectura románica y de ahí se extendió a todo el mundo. Lo vemos en las mezquitas, pero también en las catedrales.

"Jóvenes y mayores no son extremos enfrentados como algunos quieren trasmitir"

Esa podría ser la expresión gráfica del mercado laboral español. Un arco de herradura. Dos extremos, los más jóvenes y los más mayores, que soportan con su desempleo y precariedad un absurdo reparto de cargas y beneficios. La cohorte de los treinta y muchos a los cuarenta y tantos años tiene empleo, estabilidad y sobre todo muchas ofertas a su medida. Pero el mercado se seca si tienes más de cincuenta años y prácticamente la única posibilidad de seguir activo es ponerte por tu cuenta. A su vez, ser joven en estas latitudes es estar condenado a sufrir sueldos de miseria o padecer un desempleo del 50%.

Aun así, tenemos que decir alto y claro que en nuestra sociedad, jóvenes y mayores no son extremos enfrentados como algunos quieren trasmitir. No lo son en el empleo, donde destruir el talento sénior en las empresas no garantiza que sus puestos sean ocupados por los más jóvenes. Tampoco en la economía, en la que solo pueden pagarse las pensiones del futuro poniendo a trabajar a pleno rendimiento a ambos grupos etarios. Y ni mucho menos en la política, donde únicamente se consiguen cambios sistémicos alineando las inquietudes de jóvenes y mayores.

"Los mayores y los jóvenes se han convertido en invisibles para los empleadores"

Nuestra economía en crisis pide a gritos que empresas, ciudadanos y administraciones se comprometan a situar la diversidad generacional en la más alta prioridad, con actuaciones valientes y coherentes. Hoy dos generaciones, los mayores y los jóvenes, se han convertido en invisibles para los empleadores. La economía, pero también la política, les ha borrado de la ecuación porque o bien no tienen recursos económicos o no resultan ya atractivos. Son dos cohortes muy diferentes, por supuesto, cada una con sus fortalezas y también con debilidades. Pero por qué no pueden convertirse en el motor oculto de una sociedad que necesita reinventarse ante los últimos acontecimientos que han puesto en jaque todas nuestras certezas.

Cada época histórica ha tenido una generación que ha sido motor de desarrollo. Los jóvenes en la década de 1960, las mujeres con la democracia o la inmigración en el nuevo milenio. La combinación de pandemia y avances científicos hace que sean dos generaciones en la sombra (los menores de 25 años y los mayores de 55) las llamadas a liderar el mundo.

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