El deshielo

Iñaki Ortega Director Deusto Business School y profesor de la UnirOPINIÓN
Balcones y coches cubiertos de nieve este sábado en la calle Ponzano en Madrid.
Balcones y coches cubiertos de nieve en Madrid.
EFE

La borrasca Filomena ha paralizado la vida en muchos lugares de España y confinado a millones de ciudadanos en sus casas. La tormenta de nieve acompañada de un frío inédito ha congelado nuestra habitual actividad. Imposible comprar el pan o dar un paseo, salir a comer o quedar con un amigo. Tras la nieve ha llegado el hielo que lo ha congelado todo. Y si peligrosa es la nevada, bloqueando calles y aislando a personas, el hielo es sinónimo de accidentes y devastación.

Pero no siempre el frío es malo. La congelación natural ha sido utilizada a lo largo de la historia para conservar alimentos y de ese modo paralizar el proceso natural de descomposición. Aunque no fue hasta el siglo pasado cuando se generalizó la congelación en la industria de productos alimenticios y a la vez en los hogares con la llegada del frigorífico. De ese modo, todos podemos conservar en casa alimentos en perfecto estado durante mucho tiempo. Pero, si la conocida como "cadena de seguridad del frío" se rompe, o lo que es lo mismo, en algún momento se interrumpe el frío y se descongela la comida para volverse a congelar, el alimento se estropeará y no podrá consumirse.

"Tarde o temprano vendrá el deshielo de la economía"

Ahora piensa en cuánta similitud con los peores momentos de la pandemia. Los comercios cerrados, la preocupación por acumular alimentos y el pánico ante lo imprevisible, de nuevo disfrazarnos para salir a la calle y la sensación de miedo y fragilidad. Pero aún hay más. Confinarnos y desconfinarnos para volver al confinamiento, rompiendo imprudentemente la "cadena de seguridad" –esta vez sanitaria–. La nieve y Filomena –sin quererlo– nos recuerdan que, aunque estemos encerrados en casa, no podemos dejar de actuar para lo que venga después. Retirar la nieve de nuestras terrazas para que no se hiele y lastime a nadie; limpiar las tuberías para que no se bloqueen cuando lleguen las heladas o podar los sufridos árboles por el peso de la nieve que eviten accidentes.

Por eso, ahora que sabemos que las ayudas, como los ERTE, se mantendrán por lo menos hasta mayo, no podemos dejar de pensar que tarde o temprano vendrá el deshielo de la economía. El apoyo público ha congelado la actividad empresarial, pero nos tendríamos que preguntar qué estamos haciendo ahora para que cuando llegue ese deshielo económico no sea un drama. Qué decisiones están tomando los gobiernos, pero también nosotros en nuestro ámbito personal, para cuando lleguen los despidos, los cierres empresariales y la recesión. ¿Acaso estamos aprovechando estos tiempos para reciclarnos, ahorrar o reinventar nuestros negocios? ¿Dónde están los planes para reflotar empresas o recualificar a millones de trabajadores? No se trata de aguar la fiesta ni de ser un agorero, sino de ser previsor a la luz de todos los informes económicos.

Filomena, con su brutalidad de extraordinario fenómeno atmosférico, nos puede hacer reflexionar sobre que en plena borrasca –o en pleno Covid-19– hay que actuar para evitar futuros males mayores.

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