¿De verdad que salimos más fuertes?

Terraza en Madrid
Gente haciendo cola en una terraza en Madrid el primer día de la fase 1.
Jorge París 

#SalimosMásFuertes. Es la campaña en medios y redes que ha puesto en marcha el Ejecutivo para esta desescalada. Lema con el que se quería agradecer el esfuerzo de todos para doblegar la curva y vencer al virus. Un mensaje que, justo ahora, después del monumental lío formado tras el acuerdo con Bildu y la imputación del delegado del Gobierno en Madrid, ha dado para muchas críticas, memes y horas de tertulia en programas y redes.

"Ilusos, pensamos que por fin lograríamos superar diferencias eternas y absurdas"

Al margen de la oportunidad o no de lanzar este mensaje justo en este momento, sí que es verdad que, ahora que ya todos empezamos a recuperar la normalidad, es momento de mirar hacia atrás y repasar lo que hemos vivido estas semanas. El shock de los primeros días, las ganas que le pusimos al principio para no venirnos abajo por mucho que tocara encerrarse. Recordar la sensación de que juntos estábamos logrando parar un virus. La sensación de colectividad inundó esos primeros días, nos sacó a los balcones a aplaudir y a reconocernos en los aplausos y gestos de vecinos que ni conocíamos. Dejamos de pensar en primera persona del singular, en el yo, y pasamos al nosotros. Se desdibujaron fronteras, banderas, lenguas. Todos hablábamos el mismo idioma e, ilusos, pensamos que era precisamente ahora cuando por fin lograríamos superar diferencias eternas y absurdas y unirnos como país. La perspectiva de que esto no iba a durar mucho más allá de dos semanas nos animaba. Cómo cambia la película en cuestión de días.

No, no hemos salido más unidos. Desde luego que no. Miramos con recelo a quien no sale con su cacerola, a quien no cuelga la bandera, a quien no lleva la mascarilla. Y esta película, permítanme que les diga, ya la he visto, hace mucho tiempo, en mi querida tierra, en Navarra y en el País Vasco, y sé muy bien cómo termina: con familias y cuadrillas de amigos que se polarizan, que evitan hablar de política, que viven con mucho sufrimiento, con muchos recelos, con demasiados odios, con bandos, con buenos y malos sin saber bien distinguir quién es quién y con nada de empatía, esa que nos sobraba a raudales al principio de todo esto.

"Somos especialistas en vivir divididos"

No sé si salimos más fuertes. Puede que sí, fuertes en gritar, recelar, señalar. O quizás solo sean unos pocos, pero meten mucho ruido. Y no me refiero solo a los que salieron a manifestarse en coche este fin de semana. También a los que, desde el otro lado, señalan sutilmente blancos en las redes, en declaraciones, en foros públicos.

Somos especialistas en vivir divididos. Somos más de blancos y negros y muy poco de grises. Quizás deberíamos repasar la paleta de colores y no buscar en los extremos. Hay un montón de matices que nos permiten dibujar el camino con otro color, sobre todo ese que estamos a punto de comenzar. 71 días encerrados deberían de servir para algo.

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