Nueva ley educativa

Imagen de recurso de alumnos en un aula
Imagen de recurso de alumnos en un aula.
EUROPA PRESS - Archivo

Debería de aprobarse por unanimidad que ninguna ley educativa pueda modificarse en un plazo inferior a los 15 años. Dejar que al menos una generación complete una formación entera bajo una misma norma, un mismo criterio. Pero es pedir demasiado decirles a los políticos que renuncien a la tentación de que, cuando lleguen al Gobierno, no dejen su nombre estampado en un nuevo sistema educativo. Vamos camino de suprimir la ley Wert y encaminarnos a la ley Celaá. Y seguramente, está por ver, mejoraremos en muchos aspectos. 

Es de suponer que si los políticos se ponen a cambiar todo un sistema de enseñanza es porque lo quieren mejorar. Pero deberían de recapacitar sobre la inutilidad de encadenar leyes y leyes sin abordar lo más importante, la formación de los docentes, los recursos con los que cuentan y las ayudas por comunidades y centros que se dan. 

"Nuestro sistema sigue dando resultados ridículos cuando nos comparamos con países de nuestro entorno"

Sin nada de todo eso, podemos seguir redactando nuevas normas, quitando y poniendo asignaturas, dejándolas como optativas u obligatorias, pero nada de lo fundamental cambiará. Y seguiremos padeciendo de los mismos problemas que padecemos desde hace años: falta de recursos, exceso de número de alumnos por clase, falta de horas de tutoría, exceso de carga de trabajo y tareas en casa, falta de apoyos especiales en las aulas y un sistema que sigue dando resultados más bien ridículos cuando nos comparamos con el resto de los países de nuestro entorno.

Y mientras, los padres leemos con temor los cambios que se avecinan y que pillarán a muchos alumnos en mitad de un ciclo formativo, o casi finalizándolo. Viéndolos ahogarse entre apuntes y memorizando lo mismo que memorizamos nosotros en su día y que, por supuesto, ya hemos olvidado. Fechas, reyes, acuerdos, periodos, títulos, autores… Y dejando poco tiempo para leer, para reflexionar, para pensar. Para tener una actitud crítica ante determinadas situaciones, para atreverse a hablar en público y plantear posturas diferentes, para ser más independientes y autónomos a la hora de manejarse en el mundo laboral. Para crecer y no padecer las carencias que muchos adultos padecemos después en nuestro día a día. 

"Fechas, reyes, acuerdos, periodos, títulos, autores… Y poco tiempo para pensar"

Llevo años dando clases de comunicación a altos directivos, a portavoces, a personas que tienen un enorme talento pero que jamás aprendieron a comunicarse en público. A exponer ideas y a debatir, tan necesario en nuestro entorno para crecer y respetar las opiniones diferentes a las nuestras. Pero todo esto sigue sin aparecer en los nuevos sistemas educativos, seguimos modificando leyes sin acordar esa gran reforma. Y solo nos queda esperar, rezar, confiar en que esta nueva que está por llegar mejorará en algo todo esto que vemos cada día padres y madres en las aulas y que sigue sin cambiar.

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