Fobias solo a los rebrotes

Imagen de la Gran Vía madrileña esta semana.
Imagen de la Gran Vía madrileña.
Jorge Paris

Lo que más me ha gustado de Madrid, siempre, desde el primer día que llegué, es que nadie te preguntaba de dónde venías. Da igual. La ciudad y los que viven en ella –sean o no madrileños– te acogen desde el primer minuto con los brazos abiertos, te enseñan sus rincones favoritos, te presentan a sus amigos, a sus cuadrillas, y simplemente eres Helena. No importa de dónde vengas o que llames a las napolitanas de chocolate "garrotes". Solo eres Helena. Cuando llegas sola a una ciudad tan grande, la sensación de no sentirte de fuera desde luego te hace amar a esta ciudad, su acento, su "egque" y a los madrileños, sean gatos o no.

Lo segundo que más me llamó la atención de aquel primer verano en prácticas en Madrid fue lo mucho que se movían los que vivían aquí. El fin de semana era sacrilegio quedarse en la ciudad, y su situación geográfica es ideal para programar escapadas a cualquier parte. En verano son sobre todo y ante todo a la playa, a las del Mediterráneo y a las del sur. En invierno, a cualquier parte de España, montaña o ciudad, y si el presupuesto lo permite, incluso escapada europea. Los madrileños están en constante movimiento, quizás porque se sienten de aquí y de todas partes porque, casi todos, tienen un pueblo, un familiar, un lugar al que volver y visitar.

"En Madrid no hay fobia a nada ni a nadie. Por eso duele tanto que se les haya señalado como los apestados"

En Madrid no hay fobia a nada ni a nadie. Y por eso supongo que duele tanto que estos meses y estos días se les haya señalado con el dedo como los apestados a los que no dejar entrar este verano en sus pueblos o en sus playas. A algún conocido le han cancelado el alquiler de la casa que tenía reservada desde enero, por ser de Madrid. Suena absurdo y suena al mismo discurso de quienes creen que lo suyo y su tierra son mejor que lo demás. O en este caso, más seguros ante un virus al que, ya hemos visto, le dan igual fronteras y acentos, se expande igual aquí y al otro lado del Atlántico.

Salir de tu casa, de tu ciudad, de tu tierra te hace amarla más, quererla más, pero también dejas de idealizarla. Aprendes a descubrir que hay otros sitios, otros lugares iguales o más interesantes. Formas de vivir, de hablar, culturas que te enseñan a tener una mirada mucho más amplia, mucho más rica. Viajar por España y fuera de ella es el mejor antídoto contra todo, también contra los fanatismos.

"La única solución posible para parar los contagios no es levantar barreras, sino seguir siendo responsables"

Viendo cómo se está comportando el virus en esta segunda etapa postconfinamiento, deja en evidencia que no hay trabas que paren un rebrote. Una barbacoa, un grupo de temporeros, un viaje de fin de semana… La posibilidad de que surjan nuevos contagios está ahí, en cualquier reunión en la que no se respeten las normas básicas. La única solución posible para pararlos no es levantar barreras, sino seguir siendo responsables. Usemos mascarilla. Mantengamos las distancias. Y si creen que esto ha pasado ya, acérquense a un hospital y charlen un rato con los sanitarios.

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