La esencia del deporte

El trofeo de la Supercopa ya está en Riyadh
El trofeo de la Supercopa ya está en Riyadh
Europa Press

No voy a entrar en si en el terreno de juego es o no buen jugador, si juega limpio o no... no lo voy a hacer porque no entiendo nada de fútbol y porque, en este caso, me da exactamente igual. Pero sí que quiero aplaudir lo que dijo Raúl García en rueda de prensa el lunes. Los equipos españoles han hecho las maletas y se van a jugar a Arabia. No será un partido amistoso o una concentración especial. Se van a jugar una competición española… en Arabia. Y eso es precisamente lo que criticó Raúl García, que una competición española, la Supercopa, se traslade a Arabia. Dijo algo muy obvio, algo que cualquiera se plantea pero que muy pocos jugadores se atreven a decir: ¿por qué se juega fuera? La respuesta es sencilla: por el dinero.

García lamentaba que el fútbol haya virado en los últimos años a algo completamente diferente a lo que se supone que tiene que ser. Un deporte, con una afición que disfruta en las gradas viendo a su equipo. Pero el negocio es el negocio, y, como decía Raúl García, ya no se piensa en el aficionado sino en sacar patrocinios. Lo mejor del fútbol, de un partido, es precisamente la afición. Cuántos y cuántos partidos complicados se han conseguido ganar gracias al empuje de la gente desde las gradas. Ellos han sido un jugador más: han empujado el balón y han empujado al equipo. Ir al fútbol es para muchos casi una terapia: ahí se olvidan de los problemas, del trabajo y gozan con cada gol que marca su equipo y también lo contrario, ojo: sufren hasta el llanto cuando pierden. Padres que saben que el fútbol es la cita inamovible para pasar un rato con sus hijos cada semana. Ir en familia, con la camiseta de tu equipo, para sentirte uno más. Pero nada de todo esto se tiene en cuenta cuando te llevas la competición a un país a miles de kilómetros de esos aficionados.

Algunos dirán que irse fuera es como exportar un producto marca España. Que allí generas afición, sumas seguidores y, en definitiva, engordas las cuentas de los clubes y de la Federación. Puede ser, pero cuando un deporte se convierte solo y principalmente en un negocio, corres el riesgo de desvirtuar la esencia de lo que se supone que tiene que ser el fútbol y cualquier deporte.

Los clubes tienen que mimar a las bases, a los jugadores amateurs. Tienen que saber que en las canteras es donde está su futuro, no fuera. Como en una empresa, deben tener una cultura propia, unos valores que son marca de la casa, que van cosidos casi al escudo de la camiseta. Todo eso también salta al terreno de juego. Cada vez que la pelota echa a rodar. Perderlo de vista puede suponer perder la esencia, desmotivar a los protagonistas de todo esto, los jugadores y a los que hacen posible que ese negocio siga funcionando, los aficionados, los de aquí, no los de fuera.

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