Helena Resano  Periodista

Cuando pareces lo que eres

El primer ministro británico, Boris Johnson.
El primer ministro británico, Boris Johnson.
EP

Admito que tuve que mirar varias veces la foto para intentar entender el por qué este señor, con la que le está cayendo, con la crisis de reputación y credibilidad que tiene encima, se expone así ante los fotógrafos, después de haber estado durante días encerrado en casa, en teoría por un contacto estrecho con un positivo.

Boris Johnson, al que tantos y tantos en su país y aquí también le llaman el clown, salió a correr a primera hora de la mañana con su perro. Noche cerrada todavía a esa hora, parecía exactamente eso, un payaso, en el mejor sentido de la palabra. Que Johnson salga a correr no sería noticia más allá del hecho de que un primer ministro actúe como tantos y tantos ciudadanos antes de ir a trabajar: sacar al perro y aprovechar para hacer algo de deporte. Pero es Johnson y nada en él es ‘normal’. En pleno enero, con temperaturas gélidas salió a correr con un ‘pantalón’ corto, y pongo lo de pantalón entre comillas porque quiero pensar que era un pantalón y no ropa interior más holgada. Con sus cuerdas colgando, sus estampados de colores, calcetines de ejecutivo y no de deporte, un gorro de lana y un jersey oscuro. Sujeta la correa del perro e incluso sonríe a los fotógrafos, los llega a saludar con la mano. La imagen es de traca. Cualquier asesor de imagen con un poco de sensatez le habría aconsejado a Johnson que esa foto, precisamente esa foto, no era la más adecuada para reaparecer tras la tormenta política por las fiestas en Downing Street. Porque Johnson parece salido de un after, seamos sinceros.

Pocas bazas le quedan a Johnson ya para sobrevivir a esto. En su familia política empiezan a sumarse las peticiones de dimisión 

Al margen de lo oportuno o no de esa foto, lo que está claro es que es una gran metáfora de su momento político: huir hacia delante, como te pille, sin mirar atrás, corre que te corre y huye de lo que parece un tsunami político para arrasar con tu carrera política. Pocas bazas le quedan a Johnson ya para sobrevivir a esto. En su familia política empiezan a sumarse las peticiones de dimisión. Y por muchas concesiones que quiera hacer, como levantar las restricciones por Covid e incluso las cuarentenas, no parece que haya ya milagro suficiente ni pirueta política que le salve de esta.

Su asesor de cabecera, el hombre que le susurraba al oído en su estrategia sobre el brexit, Dominic Cummings, está tejiendo con paciencia su venganza tras echarle del Gobierno. Desde su blog, cada lunes, va soltando una pequeña bomba contra su exjefe. La última podría ser la definitiva: asegura que Johnson sabía perfectamente qué iba a pasar en la fiesta de "trae tu propia bebida", que, de hecho, le aconsejaron no hacerla pero que Johnson insistió en organizar esa despedida. En el parlamento, hace una semana Johnson lo negó. Una mentira más de las muchas que ha soltado, pero quizás esta sea la que le rebose el vaso de la supervivencia política.

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