Bye bye

Banderas del Parlamento Europeo sin la de Reino Unido.
Banderas del Parlamento Europeo sin la de Reino Unido.
Philipp von Ditfurth/GTRES

Y finalmente se fueron. Después de años amenazando con celebrar un referéndum; de tiras y aflojas; de presionar en cada cumbre para no perder cuota de poder; de echar las culpas de todos sus males al club europeo..., celebraron su consulta y –para pasmo de muchos– dijeron sí al divorcio.

Han necesitado casi cuatro años para dar definitivamente el paso, pero la fecha llegó, a pesar de que muchos anhelaron casi hasta el último día que esto no pasara y a pesar de que muchos creían que el portazo llegaba demasiado tarde.

"Escocia no está dispuesta a seguir la aventura de Londres"

Han dejado la puerta medio abierta porque todavía queda mucho que rematar en esa mudanza, pero ya no hay vuelta atrás. El Reino Unido deja la Unión Europea y abre un periodo incierto, desconocido, con muchos interrogantes y que, desde luego, dibujará una nueva Europa.

La bandera de las 28 estrellas pasa a ser la de las 27, la bandera del Reino Unido deja de ondear en las instituciones europeas y la de Europa en los edificios británicos (excepto en el del Parlamento escocés, un desafío en toda regla y un aviso a navegantes, sobre todo para Boris Johnson). Esto es lo que se ve de la salida del Reino Unido, pero lo que preocupa es lo que no se ve, lo que supondrá en realidad para Europa y para los británicos este divorcio. A cuánto ascenderá esta factura y quién pagará la fiesta.

"Lo que queda, desde luego, es rezar para que esta aventura sea un éxito"

Johnson tiene por delante 10 meses para negociar un buen acuerdo con Europa y parece que ha empezado fuerte. Algunos auguran que la negociación va a ser una consecución de órdagos del equipo de Johnson y, desde luego, el primero ya lo han puesto encima de la mesa. No aceptan que Europa establezca controles aduaneros y no están dispuestos a someterse al control de las instituciones europeas. Saben que el tiempo que tienen para cerrar el acuerdo es escaso, muy escaso, y aunque Europa ha ofrecido una prórroga, ellos insisten en que el 31 de diciembre volarán solos, haya o no acuerdo. Un riesgo demasiado alto para una economía, la británica, que va a sufrir mucho en este nuevo escenario. Y un riesgo para las amenazas territoriales que puede afrontar Johnson. Escocia no está dispuesta a seguir la aventura de Londres, y ya ha pedido a los funcionarios europeos que dejen la luz encendida, que ellos piensan volver. Repetir un referéndum de independencia es el objetivo que se han marcado. Y por otro lado, Irlanda del Norte, que baraja la posibilidad de convocar un referéndum de reunificación.

Y un detalle que se repite una y otra vez, da igual dónde, da igual los colores. Estos días en Londres la exhibición de banderas era la chispa que hacía saltar los ánimos. Conforme se acercaba la hora del adiós, las 11 de la noche del viernes hora de Londres, eran muy pocos los que se atrevían a pasearse por el centro con la bandera azul y las 28 estrellas. Prefirieron sacar velas y hacer una vigilia. Lo que queda, desde luego, es rezar para que esta aventura sea un éxito, por el bien de todos.

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