Aislados y, a pesar de todo, aprendiendo

Una mujer camina junto a su perros este martes por una calle madrileña.
Una mujer camina junto a su perros este martes por una calle madrileña.
KIKO HUESCA / EFE

El método de los 10 pasos. Dividir el día en 10 actividades para poder afrontar este confinamiento. Inventarnos las rutinas para poder seguir, para entender que esto no es eterno, que pasará, aunque no sepamos cuándo ni cómo.

Es el consejo que nos dan los psicólogos para poder superar esta prueba de convivencia, esta prueba como sociedad y esta prueba también personal. De convivencia porque, para algunos, estar en casa 24 horas tras 24 horas con las mismas personas es casi nuevo y, en ocasiones, puede también ser duro. No siempre esas cuatro paredes todos las pueden llamar hogar. Y para otros porque no poder salir de casa les ha colocado frente a su soledad, frente a su realidad.

Pertenezco a esa generación que hasta ahora había nacido en democracia, crecido en democracia y que, afortunadamente, las guerras nos tocaban lejos geográficamente. La crisis del 2008 nos enseñó que ese mundo idílico en el que vivíamos se podía desmoronar como un castillo de naipes.

El coronavirus nos ha enseñado que la cotidianidad se puede perder en cuestión de horas. Pasar de tener un trabajo a quedarse sin él. Pasar de hacer mil planes cada día a vivir encerrados, sin saber muy bien hasta cuándo.

Vivíamos estresados, buscando un hueco para ver a tal o cual persona, para quedar a tomar un vino, cenar, charlar, verse. Vivíamos corriendo y esto nos ha obligado a parar en seco. 

Y de repente, las nuevas tecnologías, nos han ayudado a acercarnos otra vez. A conectarnos virtualmente con nuestra gente, con nuestros amigos, a hacer "quedadas" virtuales para tomar el aperitivo o ese vino pendiente. Y celebramos poder vernos. 

Celebramos poder escucharnos. Porque echamos de menos, precisamente, lo que teníamos al alcance de la mano cada día y dejábamos pasar porque no había tiempo. El contacto. Hemos redescubierto que nuestros vecinos, a los que apenas conocíamos, molan.

Pues bien, aquí estamos, con todo el tiempo del mundo, inventándonos cada día una nueva rutina. Intentando superar también esa prueba social: como sociedad nos toca responder con responsabilidad. Ahora toca arrimar el hombro. Y aprovechar la oportunidad para crecer: buscar soluciones para esos 100 mil trabajadores que se han visto afectados por un ERTE.

Y también es una prueba personal. Si son padres, lo estarán viviendo: en casa toca enseñar, ser profesores, ser tutores, ser amigos. Hay que escuchar mucho más, responder a sus preguntas y ayudarles a que sean parte del equipo. Hay que repartirse las tareas del hogar, hacer turnos para ocupar el ordenador, repartirse espacios, tiempos. Tirar del carro cuando toca y, sobre todo, aportar optimismo, aunque física y mentalmente estés agotada.

Y sin duda, lo mejor de todo esto, llega cada día a las 20.00. Salir al balcón a aplaudir y contener las lágrimas, porque es ahí cuando entiendes que somos capaces de superar esto y de mucho más.

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