Plomo

Gloria ElizoDiputada de Unidas Podemos y vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados
Imagen de archivo de una de las asambleas del movimiento 15-M en la Puerta del Sol de Madrid.
Imagen de archivo de una de las asambleas del movimiento 15-M en la Puerta del So.
EFE

Dicen que quienes olvidan el pasado están condenados a repetirlo. Fue oír a Santiago Abascal desgranar su programa de odio en prime time, como quien recita la lista de la compra, y pensar con un escalofrío que somos un país sin memoria. Recordar a la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, decir hace apenas unas semanas que salimos del franquismo sin que nos rozara la violencia, mientras me asaltaba la memoria vívida de los guerrilleros de Cristo Rey arrasando los puestos del Rastro en Madrid, con las cadenas y los luchacos, Ribera de Curtidores abajo.

Apenas nos rozaron. A otros les costó la vida. Plata y plomo.

Mucho plomo. Transición, libertades, reconciliación, memoria, solidaridad, Estado social y democrático de derecho. En realidad, lo malo de las mentiras no es tanto que te las creas como que no te las puedas creer. Lo malo de las mentiras es que no cuadran: Te salen comisarios descontrolados que, a nada que los metes en la cárcel, se ponen a gritar que la democracia en España ha sido una gran farsa, un paripé para desmontar de forma controlada el decorado rancio y fascistoide del franquismo, ese necesario restyling de marca para evitar que una caída abrupta del régimen se lleve por delante los privilegios del pequeño grupo de poderosos, convencidos de su derecho histórico para seguir siendo los amos del cortijo, qué Constitución ni que hostias. Franquismo. Cloacas. Plomo y plata.

Demasiada plata. Demasiados privilegios. Que el que mandara siguiera mandando. Que el que robara siquiera robando. Una grandiosa operación de marketing con muchas puertas traseras para que los de siempre pudieran entrar y salir a su antojo, eso son las cloacas. Sus policías, sus jueces, sus empresas, sus medios, sus dosieres, sus jefes de seguridad… y con la monarquía garante de que nada iba a cambiar. Plata de sobra para compartir con los audaces jóvenes apadrinados por Kissinger (lean cuando puedan el instructivo libro de Alfredo Grimaldos sobre la CIA en España) dispuestos a blanquear el asunto -y de paso meternos en la OTAN-, eso sí, con chaqueta de pana.

En realidad lo malo de las mentiras es que te las creas. Plata o plomo. Demasiada plata. Demasiado plomo. Demasiadas mentiras. Quizá pensaron que durarían para siempre. Quizá no pensaron que lo peligroso de las mentiras es que te las creas. Que reclames que sean ciertas. Que eso que llaman con desdén "antisistema" sólo era exigir que este país fuera como nos lo habían contado. Un Estado Social y Democrático de Derecho que deseando establecer la justicia y la libertad ni más ni menos promoviera el bien común y proclamara su voluntad de garantizar la convivencia democrática conforme a un orden económico y social justo, asegurando el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular, protegiendo a los españoles y asegurándoles una calidad de vida digna.

¡La Constitución! ¡Casi ná! No estoy segura de que si gritas eso en la calle no te vayan a aplicar la ley mordaza.

Creerse la farsa, Reclamarla. Pelear la decencia, el respeto a sus propias leyes, la libertad de decirles que las incumplen y, ante todo, poner la vida en el centro, construir entre nosotros y para nosotros una economía que nos permita trabajar con dignidad… y también descansar, reunirnos, pensar, elegir, estudiar, investigar, reclamar lo que es nuestro. Vivir. Sin miedo.

Eso fue el 15M. Tomarse muy en serio su farsa y reclamar que se haga cierta. Asaltar el escenario. Eso fue el 15-M y eso nos convoca. Un puñado de gente honrada de todas las ideologías que se ha tomado en serio que tienen derechos. Una generación de nadies que no aprendió a conformarse con el mal menor y que se creen que importan. Mujeres sin miedo, parados que ya no se sienten culpables, jóvenes dignos, trabajadores honrados que quieren hacer su trabajo. Periodistas que no se asustan ni se venden. Jueces y fiscales que nunca ascenderán. Funcionarios y policías que no quieren mirar para otro lado. Y por eso, por todos ellos, hoy sabemos un poco más de lo que ha sido este país y hay incluso algún corrupto que otro en la cárcel.

Hay también –y no deja de ser sorprendente- hasta un puñado de aprendices de políticos que han elegido plomo, plomo para intentar representar, mal que bien y en campo contrario, a unos cuantos millones de votantes ilusos que, hartos de sucesivos engaños, se han empeñado en votar lo que no deben una y otra vez. Esa mancha de ingenuos que siguen empeñados en que todos los votos valgan lo mismo y reclaman un gobierno que legisle para la mayoría.

Y hoy, cuando otra vez vienen a probar nuestra determinación y comprobar nuestro cansancio algunos les diremos que seguimos aquí, que aún merece la pena, que las razones siguen intactas. Que tendrán que esperar un día más para bailar por turnos en las plantas nobles del edificio de la mentira. Que aún no nos han callado.

Que seguimos resistiendo y apostando por cambiar este país. Que no será fácil. Que sólo la resignación es más difícil de vender que el miedo. Pero que este país ya ha probado la fruta de la democracia y ya ha cambiado para siempre. Que somos más cada vez las personas que aprendemos que la única garantía para que este país cambie es votar diferente. Y que unidas podemos hacer que las mentiras se cumplan. Transición, libertades, reconciliación, memoria, solidaridad, estado social y democrático de derecho. Que no nos rendiremos. Que no van a poder repartirse una y otra vez alegremente el botín de nuestra ignorancia.

Ellos, los impunes, los mentirosos, los peligrosos, los cínicos, los chorizos, los victimistas, los arribistas, los que comercian con nosotros.

Los señores del plomo. Los dueños de la plata.

Los de antes, los de siempre.

Gloria Elizo es diputada de Unidas Podemos y vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados

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