¡Fuera máscaras!

Encarna Samitier  Directora de '20minutos'OPINIÓN
Una mujer se quita la mascarilla para hablar por teléfono mientras pasea por el puente de triana en el primer día del uso obligatorio de mascarillas por el Covid-19. Sevilla a 21 de mayo del 2020
Una mujer se quita la mascarilla para hablar por teléfono.
Eduardo Briones - Europa Press - Archivo

La retirada de la mascarilla en exteriores coincide con un frenesí político. La maraña de angustia y restricciones que nos ha encapsulado durante largos meses se despeja. El foco se aleja de la urgencia de la enfermedad, aunque pueda dar coletazos alarmantes que obligan a no bajar la guardia. Pero los reflectores van a situarse sobre la economía y la política. El presidente del Gobierno juega fuerte con los polémicos indultos. La medida de gracia para los condenados por el 'procés' se hará efectiva esta semana. Y entonces comenzará la partida. Los jugadores escenifican su estrategia. Pedro Sánchez se presentará este lunes en Barcelona, en el acto del Palau, con la mano tendida. Con su anunciada ausencia, los líderes independentistas harán notar que se sienten en situación de fuerza.

La mesa de diálogo esconde, bajo ese nombre amistoso, un campo de minas. El resto de comunidades va a mirar qué se dirime atentamente en esa negociación extraparlamentaria. España, contrariamente al mantra acuñado durante años, no ha robado a Cataluña, que disfruta de un amplísimo grado de autogobierno, pero se ha desangrado estos años por la huida de empresas provocada por la inseguridad jurídica que desencadenó el 'procés'. Falta poner letra al himno del diálogo, y los propios actores del Govern, ERC y Junts, no están de acuerdo.

No solo en Cataluña, la política ha vivido un tsunami político. La toma de posesión de Isabel Díaz Ayuso, el sábado, arropada por la plana mayor del Partido Popular, deja una foto impensable hace un año. Ayuso puede gobernar en solitario, aunque con el imprescindible apoyo de Vox, y con un programa que busca fidelizar a quienes le han prestado su voto. Además de su sabida promesa de reducir impuestos y consejerías, medidas como las ayudas a madres menores de 30 años, con condiciones pero las más ambiciosas de las aplicadas hasta ahora en nuestro país; la bajada de ratios en las aulas o proyectos de descarbonización se dirigen a una parte de la población más preocupada por su día a día que por guerras culturales.

Los barones que tenían cosas que hacer para la espinosa convocatoria de Colón y que se distanciaron de ella durante la pandemia, despejaron sus agendas para posar con la presidenta de Madrid. El PP de Casado lo tiene sigue teniendo muy complicado pero solo puede seguir subiendo en las encuestas si no se enreda en luchas internas. Y Ayuso se ha convertido en una pieza imprescindible.

En sordina tras la marcha de Pablo Iglesias, las tensiones en la coalición PSOE-UP también permanecen. Esta semana, los socios de Sánchez han ganado dos pulsos importantes a la parte socialista, el desbloqueo del proyecto de la Ley Trans y el pacto para la congelación de los precios del alquiler en zonas tensionadas. Tres grandes reformas —pensiones, impuestos y mercado laboral— están pendientes de un complicado acuerdo, y son fundamentales para que los millonarios fondos de recuperación del plan español que Europa ha bendecido, con la visita de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, no encallen.

Las máscaras deben caer para la negociación de las reformas y para la concreción de los fondos. La apuesta digital y verde es ineludible, pero su desarrollo puede golpear a la España vaciada y debe llegar a la economía real. Que el precio de la luz se haya disparado a límites insostenibles es un ejemplo. El Gobierno ha sido muy cuidadoso con Bruselas en la elaboración del plan, pero muchísimo menos con las autonomías y la oposición. Ahora tocan luz, sin tramos horarios imposibles, y taquígrafos.

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