El centro o las pulsiones extremistas

Fran Carrillo  Senador y diputado de Ciudadanos en el Parlamento andaluz
El diputado de Ciudadanos Edmundo Bal interviene desde su escaño en el Congreso.
El diputado de Ciudadanos Edmundo Bal interviene desde su escaño en el Congreso.
KIKO HUESCA / EFE

No nacimos para contentar a los extremos, sino para combatirlos. Sirva esta máxima para definir el comportamiento de Ciudadanos en estas semanas, afligido el ánimo nacional por la caída de miles de compatriotas cuya honra espera impaciente tras las bambalinas de un Gobierno superado. 

Quizá por ello, coherentes en nuestra esencia, decidimos discernir, ahora más que nunca, entre lo urgente y lo importante. Lo urgente es salvar vidas, proteger los empleos, ayudando a las familias y colectivos más vulnerables, y evitar el colapso económico. Por este orden. Lo importante, en cambio, era permanecer fiel a los principios que te alumbraron

Por ello, y como condición del plácet, se han impuesto varias exigencias para apoyar la prórroga del estado de alarma, como que la prórroga fuera de 15 días en lugar de 30; que se desvincularan el reconocimiento y pago de las prestaciones de autónomos y de los ERTE del estado de alarma; que se presentaran las reformas necesarias para articular un plan B de salida ordenada de esta excepcionalidad jurídica constitucional, pero excepcional, al fin y a la postre; que se habilitara el mes de julio en el Congreso para someter al Gobierno al control parlamentario; que se agilizaran los pagos de ERTE y prestaciones que no están llegando; o que, no por último, menos importante, el Gobierno renunciara a ofrecer la mesa de la vergüenza con los independentistas a cambio del apoyo a una nueva prórroga del estado de alarma. 

No vinimos a salvar a Sánchez, sino a proteger a los españoles de sus mentiras, errores e incompetencias.

¿Cómo se le puede pedir al pueblo armonía y tranquilidad cuando los muertos no dejan de aparecer?

La excepcionalidad de una medida incurre a menudo, en el tiovivo democrático, en norma decretada, convirtiendo la coyuntura en componente sistémica, para mayor gloria del gobernante frívolo y arrogante. Si este, además, se reúne en maitines con un personaje aún más siniestro, en fondo y forma, que lo que su espejo refleja, asistimos a un carrusel de vanidades propio del esperpento ministerial que vivimos. 

¿Cómo se le puede pedir al pueblo armonía y tranquilidad cuando los muertos no dejan de aparecer? El país necesita ahora más que nunca verdad, empatía y esperanza. Y no puede darlo quien considera que la crisis se resuelve a golpe de ocurrencia de primero de marketing

Un Gobierno que no tiene reparos en ocultar información y que admite que le subleva la discrepancia de una ciudadanía de pensamiento libre y una prensa no atada a sus prerrogativas políticas necesita de un equilibrio que solo puede venir de la formación que, en el tablero de las emociones, controla su visceralidad con sentido de Estado.

Porque el centro es algo más que un estado de ánimo o un talante coyuntural. Es la solución que equilibra las diferentes pasiones políticas que a izquierda y derecha tenemos en el panorama español. Por definición, no se cosifica en torno a un concepto ideológico, inflexible e inmutable, sino que, desde el pragmatismo que marca su esencia, evoluciona a la par que el contexto social del país, sin que por ello sus valores sean de quita y pon. 

En esta España machadiana, pensar en lo común te convierte en sospechoso y presa del francotirador polarizado

En suma, maridar esencia y existencia, libertad e igualdad, dándose la mano, no la espalda. Porque no son incompatibles ambas formas de pensar y sentir la política. No lo son. Por eso hacemos lo que hacemos. Aunque se cabreen los ‘hunos’. Aunque se indignen los ‘hotros’.

En esa consultora gubernamental llamada Sánchez y Asociados entienden la supervivencia política como un relato de uno frente a otro, una forma particular de pararse ante la vida. Jardiel definiría esta entente cordiale con comunistas y nacionalistas como la sincera unión de dos hombres solos que quieren reventar a un tercero. 

En esta España machadiana, pensar en lo común, aún desde convicciones liberales, te convierte en sospechoso y presa del francotirador polarizado. Es a lo que Constant se refería cuando defendía el silencio como virtud tras la toma de una decisión clara que conlleve a su vez una actuación importante. 

Las hechuras de estadista se comprueban en momentos de batalla entre la moral y el ego, cuando tus intereses y tus principios se desafían por un mismo lugar en el tablero de la posteridad. Toda crisis pone a prueba el carácter de un líder, quien ahorma su carácter tras las dificultades que en el contexto surgen. Los muertos necesitan duelo. Las familias, consuelo. Y verdad. Y recuerdo. Todo los condicionantes que hacen que una nación se mire al espejo y se reconozca.

Para quienes defendemos la democracia, lo conveniente casi siempre se sitúa en el centro.

Y a este PSOE no se le puede esperar. Hace tiempo que no está donde quiere, porque no supo estar donde debía. Los vanidosos solo son valientes ante la soledad del espejo. Siempre acabarán buscando en el reflejo la autoestima que la realidad les niega. Y no olvidemos que la comunicación de un partido es la comunicación de su líder.

De ahí que España necesite más que nunca el centro político, que tiene como principio la escucha antes que cualquier respuesta, que prefiere la negociación a la imposición y que asume como propias las diferentes sensibilidades existentes en la sociedad. Y lo requiere sin renunciar a la exigencia propia de su condición de vigilante permanente contra los excesos que a ambos lados profiere la vieja política. 

Por su carácter liberal, en defensa de los derechos y libertades básicas del individuo, y por su esencia progresista, en vanguardia frente a los que quieren atrasar el reloj de la historia para situarlo en tiempos oscuros de democracia conculcada. 

Para quienes amamos la Historia, lo interesante siempre sucede en los extremos. Para quienes defendemos la democracia, lo conveniente casi siempre se sitúa en el centro.

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