Fernando Baeta  Subdirector del área editorial de Medios de Henneo

Estupidez y desequilibrios

Panorámica del hemiciclo del Congreso de los Diputados, durante el acto conmemorativo del 40 Aniversario de la Constitución Española.
Congreso de los Diputados.
Wikipedia / Ministerio de la Presidencia

Lo vengo subrayando desde hace meses. Lo escribo y no me canso: si bien necesarias son las vacunas contra la Covid-19 también empiezan a serlo, y en un grado de importancia similar, los pinchazos contra la estupidez, fundamentalmente, la prepotencia y la soberbia, por citar solo algunos casos que empiezan a provocar picos desorbitados de contagios que, aunque no acaban con el afectado en la UCI, sí puede acabar despeñándonos por el barranco del desastre. Estamos rodeados por una pandemia que no da tregua y una clase gobernante que desbarra sin vergüenza y que se dedica al autobombo sin reparo, a echar balones fuera y a intentar sacar réditos políticos de esta maldición.

No descarto yo, como asegura Calviño, que Casado ande un tanto desequilibrado por su ya tangible falta de liderazgo, que es muy posible, pero que una vicepresidenta de este Gobierno acuse a nadie de desequilibrios, rayaría lo desternillante si lamentablemente no fuera obsceno. Un Gobierno que vive en el desequilibrio permanente entre lo que dice que va a pasar y lo que realmente sucede, entre lo que dice que va a hacer y luego hace, entre lo que promete y luego no cumple; un Gobierno que se equivoca, por no afirmar que manipula o miente, en todos sus pronósticos y previsiones; un Gobierno con un ministro de Consumo que en una campaña de subida de precios sin precedentes se dedica al sexo de los juguetes, que no digo yo que no sea importante pero también lo es el tarifazo eléctrico y sus efectos colaterales que está machacando los bolsillos de empresas y particulares.

Y luego está lo de Mañueco, este del otro lado pero del mismo tablero, que en plena tormenta, y teledirigido por Génova, convoca elecciones para el 13 de febrero en Castilla y León y emulando a Sánchez con Illa echa a su consejera de Sanidad en plena ola, aquella la tercera esta la sexta, demostrando que seguir en el poder siempre es más importante que la dignidad que se le supone a cualquier servidor público.

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