La vacuna de la confianza: calidad institucional

Enrique Martínez Cantero Diputado de Ciudadanos en la Asamblea de MadridOPINIÓN
Una trabajadora de la Oficina de la Agencia Tributaria
Una trabajadora de la Oficina de la Agencia Tributaria
Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

La democracia liberal es "el pasillo estrecho" entre el Estado opresor y la sociedad sin ley, un delicado equilibrio en el que el Estado garantiza los derechos humanos y la sociedad vigila eficazmente al Estado, como explican los profesores Acemoğlu y Robinson en su obra homónima. Este balance ha aportado a lo largo de la historia las mejores cotas de felicidad al ser humano, siempre de la mano de la libertad.

La confianza de la sociedad en sus instituciones es como la vara que utilizan los funambulistas para caminar sobre el alambre. Cuanta más confianza, más precisa es la vara y mayor es la probabilidad de seguir caminando por este maravilloso hilo que es la democracia sin riesgo de volver a caer en la red del totalitarismo de la mano del populismo o del nacionalismo.

No es de extrañar que mientras los que defendemos la democracia liberal trabajamos por fortalecer la confianza con mayor calidad institucional, los populistas de ambos extremos trabajan por infundir miedo en la sociedad.

No es de extrañar tampoco que mientras unos nos fijamos como propósito compartido llegar a una nueva etapa que mejore la anterior, los populistas usan el miedo para lanzar un mensaje tan sencillo como imposible: "Yo te voy a llevar de la mano a la casilla de salida". Sencillo, porque es lo que queremos cuando tenemos miedo. Imposible, porque esa casilla ya no existe; salvo que quieran volver a una esperanza de vida menor, a la mujer con rol de cuidadora, al teléfono fijo o a la Guerra Fría por poner algunos ejemplos.

Caminar hacia un futuro mejor requiere una continua mejora de la calidad institucional, que en mi opinión se debe perseguir mediante tres objetivos:

El primero es una mayor transparencia como valor imprescindible para mantener la confianza. El 1 de enero de 2021 se cumplió, precisamente, un año de la aplicación de la Ley de Transparencia y Participación de la Comunidad de Madrid, que permite a todos los madrileños conocer la actividad y las relaciones que mantiene su Gobierno, así como solicitar información y participar en la elaboración de políticas públicas.

El segundo objetivo es un mejor control para garantizar que todos somos iguales ante la ley. En el último Pleno de 2020 se aprobó en la Asamblea de Madrid la tramitación de la proposición de ley del Grupo Ciudadanos sobre la protección del denunciante de corrupción, para que cualquier servidor público pueda colaborar en la lucha contra la corrupción sin miedo a las represalias.

El tercer objetivo es un mayor rendimiento de las Administraciones Públicas para asegurar la creación de valor público y no la mera ejecución presupuestaria. Para ello, la Dirección General de Estadística de la Comunidad de Madrid está incorporando las herramientas de la inteligencia artificial y el big data después de integrarse en la Consejería de Transparencia para facilitar el gobierno abierto, la toma de decisiones basadas en el dato y la evaluación de las políticas públicas, un procedimiento que ya viene ejecutando, entre otras, la Consejería de Economía, Competitividad y Empleo.

La corrupción, la impunidad y el despilfarro han sido una epidemia que ha fomentado el crecimiento de los populismos. La calidad institucional basada en la transparencia, el control y el rendimiento es la mejor vacuna para avanzar hacia mayores cotas de prosperidad social. ¿Quieren ejemplos? Comparen la evolución de Madrid, que desde hace un año lidera la economía de nuestro país, y la de Cataluña; la de Alemania y la de Hungría; o la de Costa Rica y Venezuela. El principal riesgo que afrontamos hoy es con quién nos quiere armonizar el Gobierno de España. Por ese motivo desde Ciudadanos tendemos la mano para que España también avance por la senda de la calidad institucional.

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